Refundar el PP
Irreverencias | C. chamorro
Hace unos días, y después de una serena reflexión, me decidí a crear una nueva formación política. Las siglas, evidentes: PP, Partido de los Pesimistas, para el que preveo un ingente aluvión de afiliaciones, no por la valía del líder, que está por demostrar salvo para tres o cuatro, sino porque una enorme cantidad de conciudadanos se van a sentir identificados con la ideología y las circunstancias que han conducido a su aparición.
Al tratar de registrar legalmente esas siglas me comunicaron que ya estaban siendo utilizadas. Se trata del Partido Popular, un partido que, al parecer, está en la oposición como alternativa a otro, un tal PSOE que, se supone, está gobernando en pro del beneficio de la sociedad. Antes de continuar con la aventura política revisé el resto de las formaciones, para analizar nombre, ideología y propuesta de país, no fuera a ser que hubiera un partido que ya me representara. Para mi sorpresa el resto de los partidos, excepto una extraña mutación del Partido Comunista, denominada Izquierda Unida, representaban en un parlamento de carácter nacional a regionalismos asentados sobre la base de una historia cortada a la medida, con un origen con frenazo en seco en un momento que a ellos les interesa de los 4.500 millones de años que tiene la Tierra. Tela. CC era el que más se ajustaba a mí (por las iniciales de mi nombre), pero resulta que se trata de personal que pide el voto en el parlamento nacional al diputado paisano mío para sus cosas en el Timanfaya. Maravilloso. Revisada profundamente la mejor ideología decidí que, sobre la base del pesimismo -mi línea maestra, de validez irrefutable en España-, el objetivo real será ganar unas elecciones, o todas, para ocupar yo y mis amigos (no me he equivocado en el orden), la presidencia de algo (lo que sea mientras se cobre y tenga poder), los ministerios, consejerías, puestos de diputados, senadores, consejeros, directores generales, asesores, alcaldes, concejales, y un largo etcétera.
Así las cosas, en próximas semanas publicaré una dirección de correo electrónico para que se vayan apuntando los que lo deseen. Por estricto orden de inscripción y adulación al jefe (tranquilos, no por méritos) se irán repartiendo los puestos de gobierno. Se recuerda que nadie deberá aportar dinero, si acaso alguna cuota simbólica, ya que cuando nos presentemos a las elecciones ya nos pagarán todos los gastos los contribuyentes y algunos préstamos que ya veremos cómo devolvemos, si los devolvemos, que va a ser que no. Lo de menos, es lo demás. P-P2 será el nombre del partido. Y su himno la onomatopeya del apellido; en honor a unos cuantos del resto.