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León

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Tribuna | Ilia Galán

Quedan pocas reservas indias en Norteamérica, y cuando alguno las visita piensa uno que va a un museo, pero no es así. Encuentra personas, una cultura, un mundo distinto, muerto y a la vez vivo. La Mesa 1, de los indios hopi, en el desierto de Arizona, puede ser un ilustrativo ejemplo para nuestro país. Con leyes propias, como una autonomía, mantienen su sistema ancestral de jueces y normas, donde las mujeres heredan todo, los hombres ejercen los cargos de gobierno. Sus antiguas casas, de piedra y madera, están casi abandonadas. Las nuevas, similares a las de cualquier otro pueblo pobre, rodean el antiguo altozano de la ancestral ciudad, pero están rodeadas de sucios automóviles, basuras de los más variados colores, antenas de televisión. Quisieron vivir a parte y, separados, tienen una vida triste, de alcohol y lamentos. El gobierno de los EEUU les da dinero, les regala escuelas y hospitales que el resto de los ciudadanos no pueden disfrutar. Ellos sólo admiten a los que son indios en su grupo; los demás no pueden ser racistas pero los indios sí lo son, abiertamente. El resultado es una comunidad miserable, que apenas mantiene las bellas tradiciones pero tampoco se ha adaptado a nuestra era y viven tristes, alicaídos, las plumas rotas, miserables, bajo cincuenta grados centígrados de calor en el verano, bajo la nieve más árida en invierno. Pero es la lógica de la separación y la segregación. Lo ideal es que todo el mundo pudiera vivir unido, los Estados Unidos del Mundo o la Unión Intercontinental, y que a la vez hubiera diversos grados de autonomía. Los chinos están devorando el mundo gracias a que se han unido en un propósito y son muchos. Otros, como los belgas, piensan cada vez más en la separación. Kosovo se independiza y se convierte en una aldea que apenas tiene relevancia. Los checos y los eslovacos se escindieron y ahora son pequeños núcleos de humanidad. Sin duda mejor separarse a luchar unos contra otros. Cada pueblo tiene derecho a escoger su rumbo en el futuro. Aunque algunos rumbos luego se demuestran tristes, como algunos profesores que por Nueva York he conocido de Kazajstán o Lituania, que me reconocen lo penoso que es ser un pueblo que ni siquiera existe en la mente de los demás, mientras que si siguieran unidos pero con su forma de funcionar particular en Rusia otro mundo sería. «Todo reino divido contra sí mismo será arruinado. «Mt. XII, 25. Basta salir del país e ir a un sitio realmente internacional para descubrir lo paletos, lo ridículamente pueblerinos que son algunos planteamientos en nuestra tierra. Pero con los políticos que tenemos no es fácil que sea de otro modo. La disolución de España sólo es contrarrestada por la victoria internacional en el fútbol, allí donde se unen los afectos.

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