Templum libri en Ponferrada
Con viento fresco J. a. balboa de paz
En el sueño sobre libros y castillo, Antonio Ovalle pasó sin transición del mundo onírico al mundo real cuando aseveró, no sin cierto legítimo orgullo, que si en Dublín se envanecían de poder exponer cada día del año una de las páginas del Libro de Kells, un extraordinario evangeliario miniado del siglo VIII, en el castillo de Ponferrada podría exponerse al público un libro, igualmente antiguo e iluminado, cada uno de los 365 días del año. No es un farol ni la pedantería del orgulloso propietario de una de las mejores colecciones de facsímiles del mundo, aunque en este primer momento, que no es sino el principio de un gran proyecto, sólo se expongan en las dos salas del palacio de los condes de Lemos, en el interior del castillo ponferradino, cien de esos maravillosos libros y códices.
No son originales sino magníficos facsímiles de los libros más hermosos que el arte accidental copió y minió a lo largo de los siglos, preferentemente en la Edad Media y en el Renacimiento; libros que nos hablan de las raíces cristianas y culturales de Europa; libros religiosos (biblias, evangeliarios, beatos, breviarios, libros de horas, antifonarios), pero también libros científicos (mapamundis, bestiarios, de historia natural o simplemente de humanidades pero iluminados con ilustraciones preciosistas). La técnica del facsímil, tanto en los materiales como en las ilustraciones, ha logrado reproducir con la máxima calidad y hasta el más mínimo detalle estos libros que, para los coleccionistas, son verdaderas joyas, a las que se trata casi con el mismo cariño, mimo y pasión que si fueran originales.
Los originales de estos libros son además inasequibles para el gran público, pues muchos ni siquiera se encuentran expuestos en museos, sino que aún forman parte de los tesoros privados de monasterios, conventos, universidades o casas particulares de los descendientes de aquellos que los encargaron a los mejores talleres y artistas de tiempos pasados. Verlos ahora reunidos en Ponferrada es un lujo que convertirá a la capital del Bierzo y especialmente al castillo templario en un lugar aún más visitado, pues al aliciente de los imponentes restos de la fortaleza, recientemente reconstruida, se añade ahora una exposición permanente de estos libros fascinantes, que se inauguraba el pasado jueves en un solemne acto.
La exposición, montada por Cuadrifolio, está muy bien realizada, pues se han escogido los ejemplares más señeros y representativos de este arte, distribuidos en dos amplias salas: una con libros religiosos y otra con ejemplares de ciencias y humanidades. Además, de algunos libros, mediante medios interactivos, se pueden pasar sus páginas y de este modo contemplar no sólo la que se expone en la vitrina sino el conjunto de la obra. Es, repito, un aliciente para la visita y deleite del gran público, que quedará fascinado; pero es también un lugar para el estudioso, pues en un solo recinto puede ver recogidos los libros iluminados más importantes de la historia europea. Es el templo del libro, al que con el tiempo se añadirán no sólo más códices miniados, sino manuales de estudio, bibliografía especializada en el tema y en el mundo templario.
La exposición, que debe mucho al historiador Vicente Fernández, es un éxito para el ayuntamiento de Ponferrada, para el alcalde y la concejalía de cultura, al haber logrado que Antonio Ovalle, un berciano natural de San Juan de la Mata, haya cedido temporalmente, de forma altruista, todos estos facsímiles, cuyo coste supera varios millones de euros. Me admira el tesón que Antonio ha puesto en adquirir, sin duda con muchos sacrificios, durante largos años, esos libros, llevado por el amor hacia ellos, por verlos, tocarlos, saborearlos, estudiarlos; pero aún me maravilla mucho más que se desprenda de una forma tan generosa de joyas que han sido la pasión de su vida, para que todos, bercianos, leoneses, visitantes, podamos extasiarnos en la contemplación de tanta belleza. Nunca se lo agradeceremos bastante.