Diario de León
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En blanco | javier tomé

Hay cosas de sentido común, como por ejemplo las inevitables cacerolas, y otras que no lo son tanto. Dentro de este segundo apartado figuran experiencias místicas del calibre del Camino de Santiago, columna vertebral del progreso en Europa y eterna escuela de sacrificio, entrega y aprendizaje personal. Nos encontramos en pleno Año Jacobeo, algo que no se volverá a repetir hasta el muy lejano 2021, evidencia que se hace patente a partir de la entusiasta riada de peregrinos que recalan en nuestra capital, dispuestos a cumplimentar el tránsito de la antiquísima Vía Láctea de los alquimistas, hasta abrazar finalmente la imagen del Apóstol en la catedral de Compostela. El periplo jacobeo aglutina un inmenso catálogo de ocurrencias, mezcladas con el vivero de historias personales que jalonan el día a día de los caminantes. No todas ellas son edificantes, si atendemos el caso de una pérfida red de traficantes que utilizaban a falsos peregrinos para introducir cocaína en España. ¡Ave María Purísima! No es que se hayan vuelto locos, sino más bien que hacen mofa del dogma para entretejer sus sucios trapicheos.

Pese a semejante bajeza moral, no me cabe duda de que lo místico está de moda. En medio de una atronadora trompetería mediática, ciertos investigadores chinos aseguran haber localizado el Arca de Noe al este de Turquía. Se trata de una estructura de madera con distintos compartimentos en los que se presumiblemente se guardaban los animales, a decir del mandamás de semejante joya histriónica. Tocando la misma canción pero con otro estribillo, geólogos y arqueólogos de dudosa estabilidad mental se han lanzado a la caza y captura del Paraíso Terrenal, que según sus conjeturas pudo estar ubicado allá por el norte de Irán, predio en otros tiempos del imán Jomeini. Así que bromas, las justas, porque vamos de sobresalto en sobresalto bíblico. ¡Cosas veredes, mío Cid!

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