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León

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Con viento fresco josé a. balboa de paz

Los focos iluminan Rodiezmo donde se escenifica la ruptura anunciada -”¿o pactada?-” entre gobierno y sindicatos. Rodríguez Zapatero huye de la fiesta minera en la que solía anunciar sus promesas grandilocuentes en materia social. Es que todo su discurso sedicentemente socialista se ha venido abajo: paro, recortes sociales y laborales, déficit público, reducciones salariales a funcionarios y pensionistas. Su correligionario, Cándido Méndez, líder de la UGT, le acusa de dirigir el peor Gobierno de derechas de toda Europa ¡toma ya! Los sindicatos, en la fiesta, calientan motores para la huelga general convocada para el 29 contra la política laboral del Gobierno, porque éste se ve obligado por Bruselas a realizar una tímida reforma laboral. Quienes más han jaleado la política social de Zapatero, que nos condujo a este desastre en el que nos encontramos, y quienes más se han beneficiado de sus prebendas, levantan ahora airados la voz. ¡A buenas horas mangas verdes!.

Los mineros de verdad no están en Rodiezmo con los liberados y jerarcas sindicales. Los mineros luchan en Bembibre cortando el tráfico de la A-6, en Palencia encerrados en el pozo Las Cuevas, en Villamanín concentrados para marchar a Rodiezmo y gritarle a los sindicatos que quieren solución a sus problemas. Ven amenazados su empleos y quieren cobrar el trabajo que han realizado en sus empresas. Ya sabemos que, con frecuencia, son instrumentalizados por los empresarios, pero en esta ocasión tienen razón: llevan meses sin cobrar. Las centrales térmicas no compran carbón desde febrero, bien porque sus parques están saturados, bien porque lo adquieren fuera a precios más baratos. Si los empresarios no venden el carbón o no reciben las subvenciones pertinentes no pueden pagar a sus trabajadores. Así de sencillo. Esto no quiere decir que compartamos esas prácticas chantajistas ni que aceptemos formas de explotación minera como los cielos abiertos, que destruyen paisajes emblemáticos de la montaña leonesa, como ocurre en Laciana. Pero estamos con los mineros.

La política de las centrales térmicas y el problema de las nóminas impagadas es solo una parte de la verdad de estas luchas mineras. Lo más grave no es el presente sino el inmediato futuro, pues Bruselas ha puesto fecha para el final de las subvenciones al carbón en el 2014. Sin subvenciones, el carbón europeo -”y aún menos el español-” no puede competir ni con el carbón extracomunitario ni mucho menos con otras fuentes energéticas. El gobierno socialista dice defender el carbón pero apoya el consumo de gas en las centrales térmicas -”¿quién controla el gas en nuestro país? ¿los catalanes, acaso?-”, o subvenciona las energías alternativas que, por ahora, son costosas y deficitarias. Mientras tanto, con dinero público y más déficit, el gobierno desnortado financia la compra de carbón leonés y palentino por la empresa pública Hunosa, pero esto no es viable ni suficiente, pues no se trata de almacenarlo sino de consumirlo, que es lo que justifica su producción.

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Sólo queda una alternativa: incentivar el consumo del carbón nacional como garantía social y bien estratégico; pero esto pasa necesariamente por una dura negociación con Bruselas para que los burócratas comunitarios mantengan las ayudas al carbón europeo algún tiempo más. A diferencia de Aznar, del que Tony Blair recuerda en sus memorias publicadas esta semana como un duro negociador, Rodríguez Zapatero carece de peso y aliados en Europa para lograr esos apoyos. Ante la ineficacia de un gobierno central débil y capidisminuido habrá que restaurar la fortaleza del Estado mediante acuerdos entre las comunidades productoras de carbón, que deberán aparcar sus diferencias políticas por una vez, y las reivindicaciones de los mineros, de aquí y de Europa. Esta debería haber sido la preocupación de Rodiezmo -”fiesta minera reivindicativa-” y no su instrumentalización para convocar una huelga general, que solo es un lavado de cara de los sindicatos tras seis años de apoyo sin fisuras al Gobierno socialista.