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Ilia Galán. Madrid
León

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Fue asesinado mientras aullaba su verdugo: «¡Alá es el más grande!» después de cortarle la cabeza al que era cabeza de la iglesia turca, el obispo de Anatolia, en ese país asiático que algunos ingenuos quieren meter forzadamente en Europa. Los cadáveres también recientes de un sacerdote cristiano y unos evangélicos que fueron torturados y decapitados, grabados con teléfonos móviles, porque estaban dispuestos a enseñar la Biblia también atestiguan lo mismo. Crímenes horrendos salpican el Planeta, también en Occidente, por el fanatismo que surge de unas radicales interpretaciones del Corán. Ahora EE.UU. al ver que no puede erradicar a sus enemigos por la violencia, lo intenta con el diálogo y así el presidente Obama ha apoyado la construcción de la mezquita en la zona cero. Acaban de lapidar a una mujer en Afganistán, condenada por adulterio, y no han defendido donde imperan, los derechos humanos. Tampoco acaban los atentados, las amenazas, y el monstruoso gasto en seguridad que todo esto implica en Irak. El racismo y la xenofobia están aumentando en Occidente, especialmente hacia los de origen musulmán. Ya empiezan a pensar en quitar la ciudadanía a inmigrantes que atentan contra nuestra sociedad. Tal vez haga falta una reforma protestante islámica o una variante occidental y abierta para que cierre el paso a su más feroz enemigo: el fanatismo.

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