A vueltas con el crucifijo
Al margen | fermín bocos
V uelve la polémica del crucifijo. Si no han cambiado de planes, esta semana, IU y Esquerra Republicana presentaran en el Congreso una proposición no de ley sobre libertad religiosa. Piden que sean retirados de los espacios públicos los crucifijos y cualquiera otro símbolo de carácter religiosos. Dice la Constitución que ninguna confesión religiosa tiene carácter estatal y en ésa referencia -España es un Estado aconfesional- se apoya la mencionada iniciativa desde el punto de vista legal. En ése registro hay poco que objetar aunque sí algo que recordar. La propia Constitución cita a la Iglesia Católica por su nombre, no sucediendo lo propio con las demás confesiones. Lo cual es tanto como reconocer el peso y el poso del catolicismo y de su cultura en nuestro país y, por lo mismo, el de sus símbolos. Dicho de otra manera: la presencia del crucifijo en los lugares públicos sólo inquieta a quien milita en posiciones laicistas. Deja indiferentes a los indiferentes y complace a cristianos y católicos. Antes de dar un paso en la dirección que apunta la mencionada iniciativa, quienes la impulsan, de berían reparar en que viven en un país en el que la mayoría de la gente se bautiza y contrae matrimonio con arreglo al ritual católico. Puesto que nos movemos en el terreno de lo simbólico se puede entender que siendo el Estado laico una de las conquistas de la Ilustración haya quien quiera llevar ésa valiosa conquista hasta sus últimas consecuencias. Pero sabiendo que vivimos en un Estado aconfesional, no en un Estado laico. Decía Kant que todo debe someterse a la crítica. Pero eso -añade T.Todorov- no significa que el ser humano pueda prescindir de toda tradición, de toda h erencia que le han transmitido sus mayores. Y en España, por decirlo en pocas palabras, el crucifijo es tradición y cultura.