Más sobre prostitución
Tribuna | Ana-Isabel Negro Albañil
Leyendo el artículo de opinión publicado por Enrique J. D. Gutiérrez en este periódico el viernes 3 de septiembre, me vienen a la cabeza un montón de preguntas y reflexiones que paso a relatar y si a alguien le sirven, mi objetivo de este escrito se ha cumplido.
Habla Enrique de la libertad sexual que se vive en este momento, sí, es cierto existe, pero los afectos, es decir lo que se supone es previo a las relaciones sexuales, ahí estamos en mantillas, y lo demuestran los comportamientos de las personas, chicos/as jóvenes, maduros y no digamos las personas mayores; aquí parece que se sufre mucho, porque falta el respeto, las relaciones de igual a igual, comunicación, y tantas cosas, que son agradables, y nos pueden dar tantas satisfacciones personales y a nuestra pareja. Pero parece no le dedicamos el tiempo suficiente en la familia, en la escuela y desde el nacimiento, porque vemos jóvenes adolescentes muy mal educados, por varias razones: porque han vivido en sus familias comportamientos violentos, relaciones de amor/odio en la pareja de su hogar, porque se les consiente todo; que traten mal a sus iguales, gritos, palabrotas, falta de respeto, y después cuando van creciendo nos llevamos las manos a la cabeza, pero que mal se relacionan decimos. Esto lo llevarán toda la vida en su mochila, y les dará problemas el día de mañana en sus parejas y les hará infelices.
Las mujeres viven situaciones de gran soledad en sus relaciones afectivas, hoy por hoy, unas veces se ven claramente y otras son tan sutiles que ni siquiera ellas quieren verlas.
Los hombres de hoy trabajan mucho dicen, y cuando salen de trabajar necesitan relajarse, y después de unos «vinitos», una cena, posiblemente lleguen a contratar a una «señorita» como ellos llaman en su argot. Tienen una infraestructura bien montada para estas contrataciones, desde la calle, hasta estos hotelitos donde van y no se ve nada, porque entran con sus coches y todo es clandestino; aquí también existe la estratificación social de sus usuarios.
El debate de la abolición de la prostitución está difuso en nuestra sociedad; cuando se plantea hay una tibieza que hace sospechar que no interesa, los estamentos sociales y políticos lo dejan a un lado, es un tema menor y eso que tenemos un flamante Ministerio de Igualdad. Hace una temporada se habló que quitar los anuncios en la prensa, pero la realidad es que ahí siguen, ocupando por cierto gran cantidad de páginas en nuestros periódicos diarios. Estos días a propósito de la campaña de las elecciones catalanas, dice el líder de CiU: vamos a erradicar la prostitución en las carreteras y «regular» esta actividad en los espacios cerrados; parece ser que a estos señores solo les preocupa la visibilidad del asunto, en absoluto todo lo que hay detrás, que no se vea porque es feo, pero claro los hombres tienen que seguir «aliviándose». Se les ve el «currículum oculto», es decir lo que llevan en la cabeza estas mentes pensantes...
Todo esto es reflejo de la sociedad hipócrita en la que vivimos, el discurso es uno y la realidad es otra bien distinta.
Es cierto que las organizaciones feministas hacen sus aportaciones muy interesantes, también el Ayuntamiento de León por medio de la concejalía que lleva Teresa Gutiérrez, están haciendo ahora mismo la campaña «no te laves las manos», importantísimo. Pero todo es poco, para llegar a la abolición de la prostitución. Hay demasiados intereses, mueve cantidades ingentes de dinero, hay mafias muy poderosas; en fin que hay trabajar mucho y dar la batalla en muchos frentes. Por ejemplo sindicatos que se llaman democráticos, cuando ha surgido este tema lo han dejado de lado, como un tema menor, y se hace el silencio, sospechoso, es posible que muchos de ellos sean usuarios de la prostitución. Porque ¿quién utiliza estos lugares que vemos cuando vamos por las carreteras?. Están llenos de coches; y en las calles a partir de determinada hora, solo tenemos que dar una vuelta y ver que hay muchos usuarios. También se ha hablado tímidamente de ir contra los clientes de la prostitución y las mafias que sería lo lógico, porque es la parte fuerte y no contra las mujeres que son la parte débil y por eso es más fácil arremeter contra ellas.
En definitiva debemos educar los afectos, la sensibilidad, el respeto, si no las nuevas generaciones irán por el mismo camino, y es un camino pedregoso que no nos lleva a buen fin.
Vamos a trabajar en una misma línea, debatir en profundidad, analizar cómo están las cosas y luego, claro, tener propósito de cambio, porque si no de nada habrá servido el esfuerzo.