Rubalcaba, en la cima
Panorama | antonio papell
La remodelación ministerial con que Rodríguez Zapatero afronta los últimos diecisiete meses de la legislatura gira en torno de la figura de Alfredo Pérez Rubalcaba, quien, a sus 59 años, alcanza por méritos propios la primera vicepresidencia del Gobierno y se convierte en una especie de tabla de salvación de un Gabinete fuertemente deprimido por la crisis económica y en una situación de aparente caída libre en las encuestas. Las últimas conocidas registran una diferencia de más de doce puntos en intención de voto entre PP y PSOE, lo que no sólo augura la previsible derrota socialista en las generales de 2012 sino un probable y temido desastre en las elecciones intermedias: las catalanas de noviembre y las autonómicas y municipales de mayo. Rubalcaba, químico de profesión, llegó a la alta administración en 1988 como secretario de Estado de Educación, cuando Javier Solana, físico de carrera, era nombrado ministro de Educación y Ciencia (hasta entonces, Solana había sido ministro de Cultura). Y su relevancia personal quedó tan de manifiesto que sucedió a Solana como ministro de Educación en 1992, cuando éste fue designado ministro de Asuntos Exteriores. En 1993, González lo atrajo a su lado en Moncloa como ministro de Presidencia y Relaciones con las Cortes, cargo en el que se mantuvo hasta la derrota electoral de 1996.
Tras la llegada de Rodríguez Zapatero a la secretaría general del PSOE en el 2000, Rubalcaba formó parte del Comité Federal del partido. Aunque perteneciente a otra generación -Zapatero es una década menor que Rubalcaba-, consiguió estrechar lazos personales intensos con el secretario general y con su alter ego José Blanco, hasta el extremo de ocuparse de la estrategia electoral del PSOE en 2004. Muchos analistas otorgan gran importancia a esta paternidad para explicar aquella inesperada victoria. Rubalcaba no formó parte del primer gobierno de Rodríguez Zapatero -fue designado portavoz del grupo socialista en el Congreso-, pero el 11 de abril de 2006 pasaba a ocupar la cartera de Interior, en sustitución de José Antonio Alonso, quien era trasladado a Defensa. Rubalcaba sería desde entonces el muñidor del finalmente fallido proceso de paz, pero también fue quien lo clausuró radicalmente tras el atentado de la T-4 de Barajas.
Y tiene en su haber el mérito tanto del casi completo desmantelamiento de ETA cuanto del establecimiento de la actual línea de inflexibilidad que ha permitido el consenso con el PP, la formación de la actual alternativa vasca y la derrota virtual de la violencia. En un panorama político muy mediocre, la inteligencia estratégica, la gestión atinada y el discurso certero de Rubalcaba han brillado con nitidez. Las encuestas certifican su tirón popular. Y Zapatero no ha podido resistirse a colocarlo como viceprimer ministro, no se sabe bien -probablemente no haya aún decisión tomada- si para impulsar su propia candidatura o para entrenarlo y otorgarle impulso como candidato. El tiempo que falta para las generales -casi año y medio- es casi toda una vida en política, pero Rubalcaba ya se ha convertido por derecho propio en pieza clave de cualquier solución que adopte el hemisferio izquierdo de la política españo la. No hace falta decir que la sola idea de que Rubalcaba sea el contrincante de Rajoy en 2012 produce escalofríos en los pasillos del partido conservador.