A propósito de Las Médulas
Tribuna | LUCIANO MARTÍNEZ LUENGO
DOCTOR INGENIERO E.M. DEL ICAI
En los años 60 del siglo pasado yo vivía en La Rua de Valdehorras o Rua-”Petin. Tenía Carucedo y su lago a 30 kilómetros por la entonces carretera 120. Una tarde de fiesta fuimos mi mujer y yo con nuestros hijos pequeños, a Las Médulas: estábamos solos; no había nadie. Sabía yo del oro. No es casual que conociese la desviación del Sil en Montefurado con el agujero por donde pasaba todo el Sil, si no excedía su caudal de unos 300 m 3 por segundo. Sí sí, entonces tenía el meandro por donde pasar el caudal en exceso. La empresa Saltos del Sil facilitó unos bidones para preparar unas «lanchas» a unos «buscadores de oro» que aparecieron por Montefurado en los años 50. Sabía también que Las Médulas estuvieron entonces denunciadas y que de resultas de los análisis sobre su riqueza en oro, desistió el denunciante a su explotación.
Pasados los años, concretamente el día de las Cabezadas, el 30-”IV-”89, por supuesto en León, me hice con un librito de Javier Villalibre -”Ediciones Lancia-” titulado «Las Médulas y su entorno».
Me resultó interesante pero, por otra parte, comencé pronto a no fiarme de ciertas aseveraciones que se hacen en el citado librito. pero sí de otras de autores como, nada menos, que de Manuel Gómez Moreno que nos daba las dimensiones de las acequias, que llevaban el agua a las Médulas: ancho 1,28 m. y 90 cm. de profundidad. Debo adelantar que mi hacer profesional durante 38 años fue el juego, a veces lucha, por el agua en presas, canales y centrales hidráulicas; lo cual naturalmente me ha aportado una buena experiencia en el tema. Aparte la asignatura de Hidráulica.
A propósito de los canales o acequias se dice en el citado librito que sus pendientes estaban entre 0,6 y 1 por ciento (0,6% a 1%) o sea, llegaría a una diferencia de nivel de 1 metro en 100 metros. La diferencia de nivel, la pendiente, no pasa (no debe pasar) de la décima parte de esos valores o sea de 0,66% a 0,1% (10 cm. en 100 m. / ó 1 m. en 1 km. Con las dimensiones que nos facilita Gómez Moreno y el valor de la pendiente que puede sacarse del trazado de las acequias del plano 191-”I, Carucedo, el caudal que llevaría sería de poco más (del orden de 400 litros por segundo. De la publiometría y escorrentía de la zona, por un lado y de la superficie que recogía el agua que alimentaba estas dos acequias a través de otras cuantas, más cortas, que están señaladas en el 191 II Villanueva de Valdueza, tenemos un volumen total anual de 200 hectómetros cúbicos, lo que da un caudal medio anual de 0,63 m 3 /seg. La superficie que recoge este volumen de 20 hm3 es de 30 Km 2 y, tenemos dicho, se halla en la ladera sur de Los Montes Aquilanos cuyos picos más altos son: Casa Ladrón, Guiana, Peñas de Montemorín y Peñas de Ferradillo por el Norte y Pico Tuerto, Cruz Mayor y el reventón por el Oeste.
El Río Cabrera va por aquí muy por debajo de los Montes Aquilanos (por la cota 500 y 600) y no puede aportar nada para Las Médulas y menos el Cabo que ya ha cedido sus aguas al Cabrera en la 800.
Inútil empeñarse en este trazar el camino a acequias, y más acequias. El Valle del Silencio está en la Ladera Norte de los Montes Aquilanos por donde discurren los ríos Oza y Ozuela que vienen -”caen-” de altura como el Tesón (1.809 m.) y Peñas de Ferradillo (1.441 m.), todas en lo alto, al sur del valle. Al Norte pasa el Sil, al que ceden sus aguas. Estamos en La Valdueza. Aún quedan, por Peñalba de Santiago, Casa Ladrón (1.669 m.), El Morredero (1.375 m.), Alto del Couso (1.423 m.) y El Reconcón (1.242 m.). Ni una gota de agua de ese valle que no baje directamente al Sil. ¿Que está cerca la cuenca del Duero? Sí: El río Eria y más, el Duerna, pero de eso al trasvase queda mucho.
Pasemos ahora a la ladera Sur (a espaldas del Valle del Silencio). Aquí están señaladas hasta ocho «Acequias romanas abandonadas» que, de las alturas dichas, recogen aguas de diversos arroyos para entregarla a dos que aparecen en el mapa 191-”I, Carucedo. La una discurre sobre la cota 950 y llega cerca del Pico de Placias o el Mirador de Orellán: tiene unos 5 km. de longitud; la otra discurre por la curva de nivel 800 y se dirige más bien al pueblo de las Médulas, que está sobre la 750. ¿Serviría este último para el lavado y la otra para llenar los estanques de 8.000 metros cúbicos)
Insistimos: no aparece ni una más en los Mapas Topográficos de toda la zona; y por otra parte pensar que del Teleno se puede llevar a Cabo agua es no tener que el agua en el Teleno estaría (de estar) a 2.000 m. y llegaría al Cabo por los 1.000: o sea bajar 1.000 m. en, como mucho, 8 km. O sea en 1 km. 1.000:8= 125 m. o sea un 12,5% de pendiente.
Ya tenemos el agua en Las Médulas. ¿Qué hacían luego con ella), por supuesto separar el oro del militar (tierras, arcillas, piedras, rocas) que lo contenía y no precisamente de las arenas como hacían las aureanas en el Sil bateando las que el río había dejado en las orillas, en las crecidas de invierno; pero quizá también. Sin duda, usaron de más de una manera. En tiempos no tan lejanos se cuidaban mucho las cunetas, porque, si éstas dejaban que el agua discurriese por la carretera o camino en vez de por ellas, se producían buenos socavones en las pistas.
Pero nos vamos a fijar en los túneles que han quedado visibles y aún visitables que tienen su comienzo en el mirador de Orellán, a donde decimos que llega una de las acequias de las dos mencionadas del Mapa 191-”I, y su final, por ejemplo la Cuevona, del lado del pueblo de las Médulas que está a una cota bastante más baja que el Pico de Placias o el Mirador de las Médulas (por la cota 900). El pueblo de Las Médulas está por la 750.
Estos túneles los perforaban (sin martillos neumáticos y sin goma 2 pero con mucho y muy penoso trabajo) los mineros; y los perforaban del todo ¡esto era esencial! Nada de dejar un tapón para meter agua y reblandecer las paredes; así no funcionaba; lo sabían los romanos. Parece increíble que los romanos supieran tanto de hidráulica. Pues... había que meter agua en abundancia que fluyese por el túnel a una buena velocidad; ¡El número de Reynols! (se estudia en hidráulica). Y claro, el agua que traía la acequia, ya hemos visto que no llegaba ni a medio metro cúbico por segundo. Pero los romanos lo preveían todo.
Ese caudal de agua que traía la acequia llenaba los depósitos que tenían -”plinio dixit-” 200x200 pies en todas direcciones y 10 de fondo; total 8.000 m 3 . Eran varios y cuando estaban llenos dice Plinio «quitadas las compuertas, sale con tal ímpetu la corriente que trabuca y se lleva las piedras». Las piedras y todo lo que arranca que por experiencia (fastidiosa experiencia), pueden ser forros de acero, hormigón...; es ¡el número de Reynolds! Y ¿qué es eso? Pues es el que resulta superior a un valor que depende del diámetro del conducto, de la velocidad del líquido que fluye por él y de la viscosidad del mismo. En resumen, se trata de un régimen turbulento del fluir del agua, en vez de un régimen tranquilo o laminar.
El material aurífero, que sale con el agua y ésta misma, era recogida en otros depósitos; que llamaban agogas.
Un «totum revolutum» del que los pedruscos más o menos grandes se recogían a mano y los barros los hacían pasar por unas cribas hechas a base de plantas que Plinio llama Ulex. El Drae señala: Urz viene del latín ulex.
Hasta ahora que yo sepa, nadie hacía dicho que ulex era urz: bien conocida en León y Zamora y que usaban los panaderos para arrojar al horno y en las casas para encender la lumbre. Y allí quedaba el oro más o menos libre.
Cito aquí los escritos que he tenido en mis manos y que trataban dle tema que nos ocupa: Además de «Las Médulas y su entorno» ya citado, le sigue un artículo: «Las Médulas. El dorado leonés» de Alberto Rojas publicado en Magazine a propósito de la exposición en el Pabellón Villanueva del Jardín Botánico de Madrid en marzo de hace algunos años sobre el tema. Por fin otro libro (más extenso) Las Médulas de David Castero López.
No estoy de acuerdo con la mayor parte de las conclusiones que llegan pues van contra las Leyes de la Hidráulica y demuestran el desconocimiento de la orografía para lo que no hace falta patear la zona. Existen mapas topográficos con datos sobre todas las alturas y depresiones ¡y hasta señalan las acequias romanas abandonadas! Y no digamos los ríos y arroyos.