AL TRASLUZ
Disculparse
D e ombligo para abajo, todos los chistes son verdes. La ministra Leire Pajín ha aceptado las disculpas públicas que el alcalde Valladolid le ha presentado por una obscena insinuación acerca de sus labios. No es que ella se haya hecho de rogar, sino que León la Riva tardó unos días en encontrar el tono apropiado para las mismas; lo intentaba, pero sonaban como a tampoco es para tanto. Y sí lo era. Se pasó. Por fin, sus disculpas no parecieron un mero resguardarse del gran chaparrón. Y Pajín, ha sabido disculpar. Saber disculparse y saber disculpar son también pilares maestros de la democracia. En mi infancia, había un niño en el barrio que nos pegaba a todos, una especie de Maciste de Primaria; después de que su madre le forzarse a pedirnos perdón por sus sopapos, prácticamente a diario, ya en un aparte te decía: «te fastidias porque no he dicho perdón, sino cabrón». Una joya. Así no vale.
Si cuentas un chiste sobre cojos en la Asociación de Mutilados es muy posible que metas la pata. El alcalde de Valladolid la metió. Pero no todos los rayos y truenos provocados por su comentario -de pésimo gusto- han sido respetables. Jose Blanco disparó hacia el lado que no era. También se pasó. Así tampoco vale. ¿Pedirá disculpas? Saber disculparse, saber disculpar. También quien esto escribe ha tenido que pedir excusas por algún comentario. Casi siempre, si hay herida es que has herido. A veces, simplemente, das en la justa diana. Durante unas elecciones, Diario de León me encargó una crónica de humor sobre la jornada electoral; escribí que Isabel Carrasco «votó de puntillas», algo que obviamente era una licencia; al día siguiente me llamó, con gran corrección, sin sacar el pronto volcánico, y me expresó su malestar porque los periodistas hiciéramos tantas referencias a su estatura. Me excusé, sin rodeos, pues tenía razón.
Pajín ha salido humanamente fortalecida. A don Javier vamos a darle un respiro, que ya ha quemado karma, o eso esperamos. Otro día, le leeremos la cartilla con eso de que Valladolid figure en la página web del ayuntamiento pucelano como capital de la autonomía. Por cierto, el niño de mano larga no se hizo boxeador sino fisioterapeuta. Se recicló, como El Lute. Así sí vale.