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MARGARITA TORRES
León

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D espués de lo que nos costó conseguir que las ayudas al carbón continuaran durante unos años más, feroz lucha en España y en Europa, después de los tira y afloja con los de Núñez Feijóo en Galicia, después de tanto follón, ahora vienen las eléctricas a ejecutar por la vía rápida la economía de una tierra en situación crítica. Gas Natural, Endesa e Iberdrola no sólo recurren las ayudas sino que, además, se atreven a desafiar a tres gobiernos: autonómico, nacional y a la propia Europa para que estas ayudas al carbón desaparezcan ya. Ahí es nada.

Quien estas líneas escribe lleva tiempo cavilando sobre el proceso de retorno al feudalismo que sufre nuestra sociedad: los ricos cada vez más poderosos, los obreros cada día más cerca de la proletarización infame del s. XIX, la clase media bombardeada por todos los flancos. Esa fisura que resquebraja la sociedad del bienestar también se manifiesta en este tipo de actitudes. Nuevos poderes, ya no territoriales, sino económicos, las multinacionales, que deciden sobre vidas y haciendas en consejos de administración, para quienes mil o dos mil empleos suponen redondear ganancias, para los que pequeñas o medianas empresas representan una molesta amenaza.

Podríamos entrar en el absurdo de una apuesta energética que prescinde de nuestros recursos naturales y busca gas en el Magreb o en países del Este de Europa. También reflexionar sobre las enormes ayudas que estas empresas cobran por producir electricidad, muy superiores en sus costes a los del carbón. No dejaríamos de valorar, si fuésemos justos, que es a ellas, no a nosotros, a quienes interesa la Sama-Velilla, porque los costes medioambientales a las eléctricas se la refanfinflan. Tampoco prescindiríamos de recordar que un consumo de carbón siguiendo normas de adecuación al cambio climático nos garantizaría un abastecimiento autóctono y el mantenimiento del empleo. Y si sumásemos todas estas reflexiones en su conjunto, aun así el pulso de las eléctricas continuaría siendo una revuelta feudal contra el poder y la soberanía del pueblo.

El mismo pueblo que, a través de sus representantes políticos, gestiona las ayudas que reciben del erario público estas multinacionales. Nos podemos preguntar si no deberíamos cercenarles de una vez para siempre esas ayudas, de las que obtienen tan excelentes beneficios, ahogarles el chollete desde el gobierno de Madrid o desde el de las autonomías que se han unido valientemente en este pulso no sólo energético. Castilla y León, Aragón, Asturias, Castilla-La Mancha y Andalucía caminan ahora juntas. El presidente Herrera denuncia que reciben más de 6.000 millones mientras el carbón ronda los 300. Créanme si les digo que en esta batalla se juega mucho más que la rabieta de las eléctricas por el asunto del carbón, que el malestar de unas multinacionales ensorberbecidas con los poderes nacional y autonómicos. Vivimos en un mundo de locos-¦o de inconscientes.

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