EN BLANCO
Yacimientos
C iud ad que rezuma historia, privilegio y tradición, la identidad cultural leonesa ha sido forjada a través de los siglos y las sucesivas generaciones que contribuyeron a dar forma a un mito urbano de tan larga sombra. El patrimonio intangible de nuestra capital proviene en buena medida de la gran epopeya romana que trajo a estas tierras la civilización a golpe de legiones, propiciando unos niveles de confort y de calidad de vida, de bienestar y hasta de lujo que no se volvieron a recuperar hasta tiempos contemporáneos. Gran parte del legado imperial está recogido en yacimientos del pasado como el de Lancia o el de Puente Castro, motivo ahora del enésimo rifirrafe político entre socialistas y populares a cuenta de la conservación de un «vicus» romano que sería destruido irremediablemente si se lleva a cabo el vial entre Puente Castro y La Lastra.
El rescate de valiosas ruinas históricas y sentimentales cuya memoria se pierde en la noche de los tiempos, aureoladas además por toda la fantasía de lo antiguo, está considerado en otros lugares como una exigencia obligada que se potencia y preserva a costa de los mayores sacrificios, siempre con la finalidad de crear una mitología propia. En León, sin embargo, los siglos no pasan en vano y así hemos dejado perder jirones de gloria del pasado que se escurren por entre las rendijas de la desidia, la incompetencia y por supuesto la ignorancia. No hay más que recordar las espléndidas casitas de Santa Ana, finiquitadas traicioneramente en tiempos recientes. Sedimentos como el de Puente Castro son testimonios que pregonan otros tiempos soberanos y evidencia viva de una época en la que los rayos más luminosos de la todopoderosa potencia romana se posaron sobre León.