Diario de León

LA SEMANA

Cataluña: un millón de indecisos mandan

Publicado por
MANUEL CAMPO VIDAL
León

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L as encuestas electorales tienen efectos deprimentes o estimulantes. Como prueba ahí están los datos del Centro de Investigaciones Sociológicas anunciando que dentro de dos domingos, en las legislativas catalanas, Convergència i Unió ganará, como siempre desde 1980, pero quedará a nueve escaños de la mayoría absoluta; que el Partido Socialista de Cataluña pierde pero no se desahucia; que el Partido Popularse mantiene o crece desde su limitada presencia y que los independentistas se redimensionan a la baja. Ha sido como una bomba: Artur Mas está feliz pero acelera, Montilla parece haber resucitado, Alicia Sánchez Camacho pelea brava, como es la crónica de su vida personal, los de Esquerra y los de Iniciativa dan los muebles por salvados y Joan Laporta, ex presidente del Barça, coquetea con una actriz porno -"catalana, faltaría más-" para llamar la atención mediática tan esquiva con su candidatura. El espectáculo está garantizado.

Pero la llave de la gloria o del fracaso la guarda en su bolsillo un millón de catalanes con derecho a voto, que hoy por hoy no sabe a quién votar, y ni siquiera si lo hará. Además, casi un ocho por ciento del electorado ya sabe que lo votará en blanco, sufragios suficientes para obtener seis o siete diputados. Si la participación fuese bajísima, como parecía hace tres semanas, hasta Laporta tendría opciones; si es mediana, la mayoría prevista para Artur Mas podría moderarse; y si se disparara el voto, la noche del 28 de Noviembre, tendrá tanta emoción como el Barcelona-Real Madrid del lunes 29.

Montilla ha dibujado tres posibles escenarios: el de «Convergéncia encadenada al PP» para hacer una política dura de derechas; el de «Convergència encadenada a Esquerra Republicana» con deriva soberanista garantizada; y solo si el PSC tiene mayoría suficiente habrá política progresista en armonía con España, sostiene Montilla. Se olvidó el todavía president de otra combinación: Artur Mas presidente -"no parece haber otra-" con algunas consellerías para los socialistas echándole la culpa de la coalición a la pavorosa crisis que padecemos.

Con esas incógnitas en el escaparate, pasemos a la trastienda. Hay un sector amplio de empresarios catalanes que temen que sus ventas en España se vean afectadas por el festival de consultas sobre la independencia y lo que venga, aunque unos pocos se apresten a poner dinero en el nuevo periódico independentista Ara (Ahora) que saldrá a los quioscos el próximo 28-N. Entre ellos algún grupo empresarial muy importante.

Se detecta un nutrido grupo de profesionales que en su día pudo votar a Maragall, o a Convergencia, convencidos de que Cataluña puede ser la nueva Dinamarca en el seno de la Unión Europea. «Ninguna posibilidad de entrar en Europa -"sostiene el ministro Ramón Jáuregui-" porque el problema principal allí es la digestión de las numerosas y rápidas incorporaciones de los países que vienen del Este. Los estados miembros no abrirán nunca una hipotética segunda vuelta para que entren Cataluña, el País Vasco o la Padania italiana». Y Jáuregui, hombre moderado, sabe de lo que habla: fue vicelendakari y hasta hace unos días eurodiputado.

En realidad ya lo adelantó Mijail Gorbachov hace unos años, en conversación de sobremesa en Barcelona con Helmut Kohl y Jordi Pujol, después de que el entonces President le espetara: «Llegará un día, en el que ya no estaré yo gobernando, y Cataluña será independiente». «Si eso pasa -"replicó literalmente Gorbachov-" en el mundo se generaría una tensión secesionista y Naciones Unida pasaría de doscientos países a cuatrocientos. Esto se haría ingobernable y perderíamos todos empezando por Cataluña y el País Vasco». No nos lo han contado de segunda mano: estábamos entre los siete comensales.

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