AL TRASLUZ
Ser o no ser
Y a está aquí el Pearl Harbor de todos los partidos de fútbol. Escribir cada liga sobre este encuentro forma parte de mi tradición personal como columnista casado con una culé recalcitrante. El derby Barça-Madrid. Y vuelvo a proclamar mi convicción, tantas veces aquí repetida: «Ser leonés y ser del Barça es como haber nacido en La Bañeza y apellidarse O-™Hara». Es decir, raro, raro. Por cierto, el miércoles el telediario abría con la noticia de que la Generalitat impone por decreto a los hoteles de lujo, bajo amenaza de perder estrellas, que ofrezcan pan tumaca en el desayuno. Si no fuese porque los nacionalistas siempre van en serio, uno pensaría que se les ha ido una neurona del seny por otra parte. En mi casa lo tomamos todos los días, pero es voluntario.
Ah, los colores. Mi mujer me ocultó durante el noviazgo que era del Barça, cuando ya en la luna de miel me espetó «he de confesarte algo» pensé: ahora es cuando me dice que heredará una gran fortuna. Y me soltó de sopetón que era culé, como quien confiesa que es de la mafia pero su trabajo consiste en ordenar el correo. Fue duro de encajar. El amor hace milagros, pero no imposibles. Todo un pulso conyugal. Moraleja, antes de casarte debes preguntar algunas cuestiones básicas que luego pueden repercutir en la convivencia: ¿Oye, cariño, tú no serás del Barça?, ¿oye, mi amor, tú no serás de las que cantan en la ducha canciones de Georgie Dann?, ¿oye, cielito, tú no serás de las que para dormirse recitan mantras tibetanos? O sea, el currículo vital.
Y sí, siempre ante este clásico del fútbol, me viene a la memoria nuestro querido Pérez Chencho, sobre el que les escribiré otro día, quien sembraba sus columnas con consignas culés, incluso firmó en La Hora Leonesa sus crónicas de deportes con el seudónimo de Joan Gamper, el fundador del Barça. El deporte rey sirve para exorcizar toda clase de tensiones. Tengo un amigo que cada vez que el Real Madrid mete un gol proclama, sea cual sea al equipo que le han metido el tanto: «¡Qué se fastidie Zapatero!». Bueno, realmente utiliza otro verbo más soez. Mi madridismo no llega a tanto, soy más flemático. A cada tan to que Ronaldo le meta a los blaugranas sólo exclamaré: «¡Que le den a Carod Rovira!».