Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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E l presidente Herrera no desveló quién iba a ser el candidato a la alcaldía de León, pero dijo algo que le quedó muy cinematográfico, en plan sargento de los marines: «¡Es la hora de que los más válidos den un paso adelante!». Si además lo espetó con las manos en la cintura y el mentón alzado, los presentes debieron de gritar al unísono: «¡señor, sí, señor!». Sigue el suspense. Ya advertimos en otra columna acerca del efecto contraproducente que puede conllevar la excesiva prolongación un misterio, pero también sobre que nadie externo a un partido debe presionar para imponerle sus tiempos. Un friki de Gran Hermano puede ser elegido mediante el clásico «pito, pito, gorgorito», pero no quien aspira a gobernar dicho ayuntamiento. Y hay curiosidades y curiosidades. «Yo sólo quiero saberlo por enterarme de a quién no voy a votar», dirá algún votante socialista, y en este caso su voz no tendría el mismo ran go que la de un simpatizante del PP. También quien esto escribe se muere por saber cómo termina el culebrón «Achúchame y sáciame de besos», pero asume con resignación que ha de esperar otros 500 episodios para descubrir lo que ya se barrunta desde el primero, que la linda Amenaida es hija de don Afrodisio, y que, por tanto, no es una pobre huerfanita, sino rica heredera, y que al final no se casará con Closdovaldo, pues sería incesto, sino con Deogracio. No parece previsible que el candidato vaya a resultar una de esas sorpresas que descolocan peluquines. Quizá a alguno del propio partido sí le produzca un ataque de hipo, pero hasta ahí; unas palmaditas en la espalda y fuera el susto. Comecome, insistimos, haylo. A mí ya se me ha pasado la edad de creer en liderazgos, sea de este partido o de aquel. Pero sigo creyendo en la democracia. Y en las buenas personas. Y en trabajar en equipo.

Ojalá encontráramos la manera de que la política fuese, ante todo, colaboración, para que los mejores arrimasen el hombro con los mejores, por encima de siglas. Entonces, sí estaríamos ante un pequeño paso para el ho mbre, pero un gran salto para la Humanidad. Y sin necesidad de cambiar de planeta. Pero tales proezas no ocurren ni en los culebrones. Ni siquiera en «Achúchame y sáciame de besos».

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