LA VELETA
Un plan claro
La prórroga del estado de alarma ha sido en general bien recibida -salvo por la minoría parlamentaria de izquierda- en medios políticos y periodísticos porque el recelo que suscita esta apelación a la excepcionalidad, utilizada por primera vez en democracia, no se impone a la preocupante evidencia de que los controladores continúan encastillados en su arrogante torre de cristal, y nunca mejor dicho. Algún periódico utilizaba editorialmente como principal argumento de autoridad para defender el estado de alarma la evidencia de que «los controladores aéreos no han expresado ni por un momento su voluntad de garantizar el normal tráfico de aviones sobre el cielo español durante las fechas de Navidad, Año Nuevo y Reyes». Efectivamente, estos personajes, que se reconocen a sí mismos muy sensibles y desequilibrados por la delicadeza de su gravísima responsabilidad profesional, no se han excusado ante la opinión pública por el gravísimo quebranto que ocasionaron a la colectividad los pasados días 3 y 4 de diciembre al paralizar súbitamente y sin preaviso alguno el transporte aéreo de este país cuando cientos de miles de ciudadanos se disponían a disfrutar de unas vacaciones planeadas desde mucho tiempo atrás.
No es realista pensar, como hace el ministro Blanco, que a finales de enero podrá haberse firmado un convenio colectivo con los controladores, cuando para entonces estarán muy lejos de haberse resuelto los procesos penales, civiles y laborales abiertos contra quienes abandonaron su puesto de trabajo el día 3, y después de que el titular de Fomento haya expuesto con toda claridad que su intención es acelerar el proceso de privatización de los aeropuertos para dejar progresivamente el control aéreo en manos también privadas, lo que representará el creciente adelgazamiento de Aena, el fin del monopolio actual del control aéreo y, probablemente, el despido de la mayoría de los controladores. Con estas coordenadas, ningún arbitraje podría obtener una solución equidistante y soportable por las partes.
Ante estas expectativas, es ingenuo imaginar que el 15 de enero, al cesar el estado de alarma, los cielos españoles se asemejarán a una metafórica balsa de aceite. En el precedente más cercano a este problema, el célebre conflicto de Reagan con los controladores en los años ochenta, el presidente norteamericano tuvo que mantener militarizado el espacio aéreo durante todo el tiempo que tardó en sustituir a todo el colectivo. Con claridad, debería invocarse aquí esta posibilidad para aviso de navegantes: o los controladores aceptan su error y se pliegan a los dictados del sentido común en una negociación pacífica y sin amenazas, o el Gobierno, de acuerdo con el Parlamento, tendrá que idear un plan a medio y largo plazo, que quizá haya de incluir la militarización indefinida