León

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E n León, todos los partidos tienen encargada una encuesta, incluso una encuesta sobre su anterior encuesta. Es la fiebre por conocer la intención de voto. Las empresas dedicadas a ello sonríen y hacen caja. Total, el cliente siempre tiene razón. Quien paga, manda. He expresado muchas veces mi reticencia hacia las encuestas de los partidos. Quien ideó la pregunta, hizo la trampa. Nadie paga para que lo llamen feo, para eso ya está el espejo, que te da esa misma información y gratuita. Ya puestos, no digamos a manipular la realidad, sino a darla un empujoncito, a los partidos les saldría más rentable, eficaz y rápido inventarse directamente el resultado. Se ahorrarían tiempo y dinero. ¿Se acuerda alguien de lo que Rappel predijo para el 2010? Pues con las encuestas de los partidos ocurre lo mismo. Son como el horóscopo, pero con gráficos.

Lo mejor sería que los políticos escuchasen a diario la voz de la calle. Se puede, pero los hay duros de oído. Hasta sordos por convicción. Veámoslo. Venancio Cascales, alcalde de una localidad imaginaria de la provincia, se encuentra en su despacho y a través del balcón irrumpe una voz anónima que proclama desde la plaza: «¡Cascales, mangón, terminarás en el pilón!». El corregidor le pide -”sin inmutarse-” al secretario que le traduzca ese murmullo para él ininteligible, y este, que no sabe idiomas, pero sí latín, le clarifica: «Es el pueblo que suplica ¡Cascales, nuestro Salomón, preséntate a la reelección!». Acto seguido, el alcalde, quien no necesita darse baños de multitudes pues se ducha a diario con agua fría, enciende un faria y sonriente le diserta al funcionario: «Se lo digo yo, esto de la democracia teníamos que haberlo inventado antes. Ah, y dígale al del pilón que el expediente se lo firmaré cuando las vacas sepan tocar la dulzaina».

La democracia degenera cuando la política queda reducida a los problemas personales de los políticos. A sus cosas. En tiempo de bonanza es irritante, pero soportable; en cambio, en plena crisis supone una ofensa a la sociedad todo aquello que no sea la búsqueda conjunta de soluciones a los problemas colectivos. Pero a ver quién se lo explica al alcalde Cascales. Es duro de oído. Y gobierna con mayoría absoluta.

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