Diario de León

EL CORRO

Cajas: la factura de la fractura

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PEDRO VICENTE
León

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La reciente reunión celebrada por la Federación de Cajas de Castilla y León ha puesto de relieve la nueva y c ruda realidad en la que están sumidas las entidades de ahorro de esta comunidad autónoma. Para empezar, sus responsables se han visto obligados a desmentir la noticia según la cual las Cajas habían decidido suspender sus aportaciones a la Fundación del Patrimonio de Castilla y León. Desmentido un tanto relativo, ya que, aunque no suprimirán las aportaciones, se da por hecha su reducción.

El episodio refleja muy bien el declive de la obra social y cultural de las Cajas, que ha dejado de ser ese gran maná al que estábamos acostumbrados. Su cuantía, establecida en función de los beneficios, ha ido descendiendo a medida que la crisis lastraba la cuenta de resultados de las entidades de ahorro. Si bien el fondo de reserva legalmente establecido garantiza el mantenimiento de la obra social incluso en el caso de que los balances sean negativos, lógicamente los fondos nunca serán ya los que fueron. Aparte de las repercusiones negativas que conlleva, esa reducción de la obra social vacía, aun más, de contenido, a los órganos rectores de las Cajas que han entrado en SIP dominados por entidades de ahorro de otras comunidades autónomas (en el caso de Castilla y León, todas menos Caja España-Caja Duero). El consejero de Economía de la Junta, Tomás Villanueva, ha llegado a decir que los órganos de las cuatro Cajas integradas en SIP van a quedar reducidos en la práctica a una especie de fundaciones encargadas de administrar la obra social. Si esto va a ser así (y lo dice el consejero encargado de la tutela de las entidades de ahorro de Castilla y León) ya me contarán si para administrar esa obra social cada vez más residual es necesario mantener toda una parafernalia de asambleas generales, consejos de administraciones, comisiones de control, etcétera, repartiéndose sustanciosas dietas. Sería de escándalo.

Al propio tiempo la Federación de Cajas se ve ahora en la necesidad de abordar su propia reformulación para adaptarse a esa compleja realidad originada por las fusiones virtuales. Ya no son seis cajas plenamente soberanas como antes. Solo una, Caja España-Caja Duero sigue siéndolo, veremos por cuánto tiempo. Las otras cuatro han dejado de tener autonomía y capacidad de decisión. Con lo cual, por mucho que todos se comprometan a mantener la sociedad de inversiones Madrigal, lo cierto es que la unidad de acción para afrontar proyectos conjuntos se complica extraordinariamente, al depender, en lo que a las cuatro cajas pequeñas se refiere, de centros de decisión residenciados fuera de la comunidad autónoma. La fractura del proyecto de integración de las cajas de Castilla y León empieza a pasar factura.

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