Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Pues no parece que tampoco esta vez haya sido un éxito de c onvocatoria la llamada «nochevieja leonesista», celebrada el pasado ocho de enero, frente a Botines. Los humanos, incluidos los leoneses, somos animales de costumbres y preferimos que ciertas cosas no cambien. Todo es negociable, pero salvo casos extraordinarios, nos gusta que Zipi y Zape sean siempre dos, todo lo más tres. La propuesta leonesista, que no de la UPL, consistía en tomarse de nuevo las uvas, expresar deseos en voz alta y - esto lo supongo- emitir improperios contra la Junta, el alcalde de Valladolid y demás demonios de la causa, más por entrar en calor que por voluntad faltosa. Personalmente, al 2010 le di el finiquito en la fecha y hora oficiales. Soy así de clásico, me gusta ponerme moreno en verano y resfriarme en invierno.

Hablando de clásicos, «La venganza de don Mendo» será representada el 22 de este mes, en Ponferrada. ¡Qué envidia! La obra de Muñoz Seca transcurre en un castillo cercano a la ciudad de León, en el siglo XII. El protagonista proclama altivo, en la segunda jornada, su condición de leonés. Esta es la actividad que debería haber clausurado las actividades del 1.100 aniversario. Ningún pretérito es perfecto y cuando se le somete a ajetreo impropio de su edad termina pidiendo a gritos una temporada de silencio, además de un poco de guasa desmitificadora. «Caricatura de tragedia», denominó el autor a su creación. Felicidad en estado puro, la llamamos nosotros. Recuerdo los mendos de Gómez Bur, Tony Leblanc y Sazatornil. En el Bergidum lo interpretará Javier Veiga.

Nuestro epopéyico pasado medieval nunca empacha, pero a mí el cuerpo -lo vengo proclamando- ya me pide, ay, no diré que el Oeste de Marcial Lafuente Estefanía, pero sí presente o, en su defecto, un poco de ciencia ficción.

Y sí, lector, don Mendo, el tremendo, quien propuso a su amada matarla y que después ella hiciese le mismo con él, era de aquí e ignoraba que en los apuñalamientos el orden de los factores sí altera el producto. Con tal temperamento, de las Islas Canarias no podía ser. Me pregunto en qué partido militaría si se d edicase hoy a la política. Mejor no me contesto, pardiez, y este menda se va con su laúd a otra parte.

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