León

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Los franceses, que van un siglo por delante del paso que se marca al sur de los Pirineos -que es siglo y medio a este lado del Bernesga- devoran de las librerías un ensayo en 32 páginas que llama a la indignación general contra los vínculos cada vez más podridos entre contribuyentes y los políticos que los representan. Indignez Vous , sugiere Stéphane Hessel, que a los 93 años se ha convertido en un fenómeno social en la Francia grande y libre. Un incendiario.

No hay traducción de la lengua de Dumas; pero los motivos por lo que se convoca a la indignación general junto al Elisseo tienen una versión común entre los mortales que pagan impuestos en Gran Vía de San Marcos 18, esquina Gobierno Civil, en Ordoño II o en la Avenida Peregrinos. Qué iba a saber el nonagenario Hessel lo que saben los que apoquinan en León, que acaban de enterarse por la versión cazurra del guikilis (la que deja al portal del sueco Julián a la altura de una hoja parroquial) que son los principales clientes de un hotel de gran lujo de Madrid, zona Castellana, que no han pisado ni en sueños; ni por asomo se le ocurrió pensar al idear el libreto que lleva diez ediciones y 850.000 ejemplares por caja que en esta ciudad del noroeste español decisiones relevantes para la urbe se habían tomado en las noches de invierno en la barra de un pub del centro, entre mares de gin tonic y a cargo de la caja de todos, que igual que a la burra de todos la comieron los lobos.

Indignez Vous , reza la encomienda de esta conciencia pública que clama contra la amnesia general, el desprecio de los políticos al débil, el abuso del dinero del poder contra el poder de las ideas, el abismo cada vez más amplio entre pobres y ricos. Que la peor de las actitudes es la indiferencia. Hessel arrasa en Francia, pero tendría problemas para vender un clavel por estos lugares, a pesar de que el panorama contra el que se rebela es el pan de cada día como reflejan de forma preocupante los estudios demoscópicos que avanzan la quiebra del sistema. «La gente cree que los políticos somos una pandilla de vividores», lamenta Durán i Lleida, que ha entendido el mensaje a través de las encuestas y tampoco es sospechoso de exagerar. Dentro de seis meses van a llamarles a las urnas; hasta entonces, corren el riesgo de escuchar músicas celestiales, para acallar esa llamada que sale de la patria de la Egalité, no sea que haya contagio de indignación.

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