LEÓN EN VERSO
A sesenta
Gracias a la carretera nacional que más acerca a León al tercer mundo, si no lo mete en él de lleno, se han alimentado promesas políticas que no terminan de pasar de ahí. El trazado de la N-601 es un ejemplo de infamia acostada sobre calzada y capa de rodamiento. Los accesos y los cruces de la vía, como un tiento a la muerte. La N-601 está ahora abandonada, con hendiduras de dos cuartas en mitad del asfalto, con tramos reventados por la constancia de la dejadez del Ministerio de Fomento, que aún no ha acometido obras de reasfaltado que le agradecerían los 20.000 conductores que a diario transitan por ella entre Mansilla y la ciudad leonesa. Los cruces e intersecciones que soporta no pasan la primera prueba de certificado de seguridad vial que se expende en las oficinas del mundo occidental.
La León-Valladolid, en adelante A-60, está cocida en un afrecho de mociones y contramociones, de fallidos planes quinquenales de desarrollo —de esos que se quedan en los cajones del Ministerio— de salmos responsoriales de los que invocan a la cohesión de los pueblos y la igualdad de sus habitantes.
La A-60 no va a pasar de Santas Martas, al menos en el ciclo de vida que le queda a la actual generación de políticos, de uno y otro signo, que han hecho uso de la infraestructura para desgastar al rival. Tenía la partida ganada con holgura el PSOE de Zapatero, que desde la oposición le metió varias veces el dedo en el ojo a Aznar, que en ocho años de Gobierno no dio foco a la autovía más allá del papel de la tinta. El célebre Losa, hombre por otra parte afamado por su afición a contar la distancia en hectómetros cúbicos en su vicio de inundar valles por doquier, se empachó de ruborizar al PP sobre lo poco que hicieron por la A-60 a pesar de que las urnas les concedieron tiempo de sobra. Las prisas no van con la autopista señuelo de la vertebración de esta nuestra comunidad, el cordón umbilical del pobre y retrasado León a la rumbosa e industrial Valladolid. Se asentó Zapatero en La Moncloa, centró el toro; se licitó la obra, se ajustaron por tercera vez las fechas; «en 2007», no; «en 2010»; tampoco. Ahora, en el 2012. Llegaron las máquinas, movieron tierra, cambiaron el paisaje. Hasta que en verano se acabó el parné. Lo que sucede desde entonces en la A-60 ha vuelto a cocinarse con propaganda política. Menos mal que el secretario de Estado es un verso libre.