Diario de León
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León

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Hartura, desánimo y desesperación por un futuro más que incierto. «Estamos hasta los cojones» clamaban ayer en rotundo castellano los mineros que cortaron la carretera de Asturias en una movilización espontánea que se gestó completamente al margen de los sindicatos. Una iniciativa enhebrada «a la tunecina», de forma silenciosa y a través de sms. Aunque no muy numerosa, -la protesta estuvo protagonizada por medio centenar de trabajadores en las cercanías de La Robla-, la movilización tiene un especial significado precisamente por haber nacido desde abajo y sin intermediarios.

Las barricadas levantadas a la altura de El Rabizo eran la expresión del desconcierto y la desconfianza que reina en estos momentos en un sector concienzudamente dividido y literalmente hastiado por los vaivenes de un Gobierno completamente desbordado por la situación. Y el hartazgo minero comprende también a la acción de los sindicatos que no han sabido estar a la altura de las circunstancias. La gota que colmó el vaso del malestar fue la ausencia de resultados en la reunión de la Comisión de Seguimiento del Plan del Carbón celebrada el pasado día 24. El Gobierno se enrocó en su posición y se negó a dar luz verde al decreto de ayudas al carbón nacional hasta que el Tribunal de Luxemburgo se pronuncie sobre su validez. Los representantes del Gobierno llegaron a pedir «paciencia» a los sindicatos, como si todos los límites de la paciencia no se hubieran rebasado con creces, pero lo cierto es que los sindicatos otorgaron el margen de confianza que se les solicitaba hasta la nueva reunión convocada para el próximo día 3.

Hasta ese día van a convivir las protestas «bajo control» de los sindicatos (concentraciones ante las sedes de Trabajo y del Grupo Alonso y encierros en varios ayuntamientos mineros) con este otro tipo de movilizaciones -˜silvestres-™ nacidas del cabreo más profundo. Quizá el Gobierno no se aperciba de la situación pero cuando las cuerdas se tensan se rompen y estamos a punto de que se rompan con estrépito.

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