Pensiones: tarde y a trompicones pero acuerdo
No podía ser de otra forma. Tarde y a trompicones pero se llegó a la meta. La interminable negociación para la reforma de las pensiones estaba -˜condenada-™ a acabar en un acuerdo que las dos partes, Gobierno y sindicatos, pudieran vender «en positivo» Y así ha sido. El Gobierno, en horas más que bajas, necesitaba con urgencia «oxígeno» y los sindicatos no se podían permitir sumar otro fracaso si la falta de entendimiento conducía a una nueva huelga general. El país en su conjunto tampoco se podía permitir más dilaciones ni fracasos en un asunto de tanta trascendencia que sin duda toca fibras muy sensibles pero que responde a unos objetivos que el Gobierno ha defendido con un argumento básico: el actual sistema, condicionado por un paulatino envejecimiento poblacional, no será viable sin realizar correcciones de gran calado. En un nuevo juego del regateo, todos han cedido y si se admite la elevación de la edad de jubilación a los 67 años, se asegura también una aplicación progresiva de la norma y se introducen excepciones como la de poder jubilarse a los 65 años con 38,5 años cotizados. Sea como sea, lo que viene va a escocer a casi todos. Y la pregunta es si los famosos «mercados» que nos exigen estas reformas dejarán de asfixiar nuestra economía y nuestro futuro.