Diario de León
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margarita torres
León

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E l rey don Juan Carlos ha firmado la creación de cuatro nuevos marquesados: para Del Bosque, Vargas Llosa, el tercero para Aurelio Menéndez, un profesor asturiano del Príncipe de Asturias, y el último para Villar Mir, vicepresidente económico del primer Gobierno de la monarquía y empresario de lustre con más de 21.000 empleados.

Cuando nació esto de la nobleza medieval el título fetén era el de conde, el afrancesado moderno de nuevo rico trastámara el de marqués y el supermegafashion el de duque. Lo más, reservado para primos con enchufe o pichurris, querindongos y favoritos reales. ¿Sabían ustedes que los Osorio de Astorga nacieron marqueses, los Quiñones de León y los Acuña de Valencia de Don Juan condes? ¿Conocían que los abades de San Isidoro son varias veces condes y poseen otros títulos? Y no se dan pote alguno, leñe.

Durante la etapa de los Austrias muchos ganaron papel nobiliario en Indias, como Hernán Cortés, marqués del Valle de Oaxaca en México, cuya hija fue esposa de un Quiñones conde de Luna. No faltaron los que conquistaron a punta de espada hazañas, fama y rango cortesano. Tampoco quienes, allá por la lustrosa ilustración de los Borbones, pasaron de mercaderes con posibles a marquesotes de ringorrango y pretensiones de descendiente de la pata del caballo del Cid. De estos últimos, aún guardan memoria los anales guasones de la nobleza.

Llegados a este punto no debemos olvidar a los que proceden del mundo de la cultura, más bien escasos en dinero y reconocimientos, pero que decoran fiestas y recepciones de una sociedad plagada de señores del pelotazo, damas de moral relajada, trepas diversos, chonis de Gran Hermano y otra fauna y flora hispana. Ponga un marqués en su vida en la mal llamada -˜alta sociedad-™, la del papel cuché. Los cuatro marqueses se han comportado de forma bien distinta: Del Bosque, como el gran tipo que es, sencillo y generoso, Vargas Llosa se siente honrado; Villar Mir, como uno más entre los trofeos, aunque pete y se pueda poner en la tarjeta de visita; Menéndez, después de haberle dado algún capón académico al Príncipe, suspirará satisfecho por el trabajo realizado.

Pero, como en todo, siempre hay dos varas de medir, porque si célebre ha sido Menéndez, profe y ministro en 1976, no menos relevante para nuestra historia fue Fernando Suárez, al que se debe la calma en la Transición parlamentaria. Si Villar Mir es empresario de éxito, ¿acaso David Álvarez, dueño de Eulen, o la famila de don Pablo Díez, el indiano de Vegaquemada, no se consideran referentes en el mundo de la empresa y, dirigen más empresas y trabajadores? ¿Y qué me dicen del amigo de Zara? Pues que ninguno de los mentados sabe sino trabajar y sacar este país adelante. Y no tienen título aunque lo merezcan.

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