EL AULLIDO
List@s
H ay en el aire de esta ciudad un rumor de cuchillos que no tiene que ver con las reyertas agitanadas del rastro -qué grande era Federico García Lorca-, sino con que los partidos políticos están, no sin cierto sentido del misterio, elaborando sus listas electorales. Quien va subido en la burra quiere seguir, quien está fuera quiere entrar y no hay suficientes asientos para tantos culos. ¿Cómo hacer la criba y decidir a quién inscribir en la La Lista de Schindler electoral?
Igual que las vías del tren el sentido común va por un lado, la política por otro y nunca llegan ni a rozarse. El sentido común dice -me hago eco de un pensamiento que no es mío sino que está en la calle- que para aspirar a ejercer como procurador o bien remunerado concejal de una ciudad, ya que sobran aspirant@s, debería ser un requisito mínimo el de contar con un título universitario, pero la política insinúa con epatante cinismo que la formación da igual. ¡Cualquiera experto en intrigas palaciegas vale padezca o no un esguince de neurona! Oiga, insiste el sentido común, las Cortes de Castilla y León -es un ejemplo- son una cosa seria. ¿Tiene usted un área específica en la que esté versado/versada? ¿Se ha especializado en economía, o en derecho, o en sanidad, o en cultura, o va allí a cobrar y decir amén? Oiga, que va usted a manejar leyes, documentos, presupuestos, y a tener voz sobre temas decisivos y específicos sobre los que no ha oído hablar en su vida; conserve una pizca de dignidad antes de apuntarse en esa lista y hacer el ridículo, dice el sentido común. Pero la política ve el sueldo, ve el rango, los ojos le dan vueltas dentro de sus órbitas igual que norias locas y se escucha decir en voz alta: escribe con mayúsculas mi nombre ahí de una vez.
Igual que la batalla entre don Carnal y doña Cuaresma de la que hablaba en el medievo el gran Arcipreste de Hita, hoy la batalla entre el sentido común y la política es también cruenta. El sentido común dice también que para que la ilusión de lo iniciático permanezca intacta y nada se envicie o se enquiste, ocho años son más que suficientes en un cargo público. Pero la política, que es una dama adictiva como toda mujer fatal, insinúa que toda metodología artera vale para perpetuarse, que es de lo que se trata. Toma ya. ¿Gente sin formación ni información aspirando a cargos públicos? Sin duda la política va por un lado y el sentido común por otro...
Y las gentes de innato sentido común asisten a este espectáculo quítate tú para ponerme yo de la confección de listas electorales como quien va al Musac, le dicen los guías que eso es arte buenísimo, emergente, recién comprado en la Feria de Arco a precio millonario, mientras observan la evidencia de que se trata de una caseta de obra con un maniquí dentro... Viva todo.