LA VELETA
¿Actuar en Libia?
La revuelta de Libia, mal conocida por la opinión pública a causa de la dificultad de acceso de la prensa internacional a los focos del conflicto, tiene características muy distintas de las de Túnez o Egipto, que concluyeron rápidamente con el derrocamiento del dictador. Primero, porque Gadafi es, además de un autócrata, un personaje mesiánico que genera adhesiones taumatúrgicas en su entorno; y, segundo, porque empieza a verse que el sector mejor preparado del ejército libio continúa leal al dictador. La comunidad internacional ya se ha despegado absolutamente del régimen libio, cuyos diplomáticos han desertado masivamente, y los Estados Unidos, que siguen manteniendo su gran ascendiente sobre el Mediterráneo, han hablado con claridad: «No quiero ser ambiguo -"ha dicho Obama-": el coronel Gadafi tiene que dejar el poder e irse»
Europa entera ha descalificado también rotundamente al dictador, incluida Rusia. Es evidente que la prolongación del enfrentamiento no beneficia a nadie. Ni al pueblo libio ni al resto del mundo árabe, que mantiene un adicional foco de inestabilidad que se superpone a sus propias incertidumbres; ni a la comunidad internacional, que no puede impedir un alza exorbitante del precio del crudo que amenaza la salida definitiva de la recesión. Lo lógico sería, pues, una intervención exterior que pusiera fin rápidamente a la confrontación civil, con ribetes de genocidio, que está teniendo lugar. Pero la comunidad internacional en general y Occidente en particular no consiguen el necesario consenso. No deja de ser curioso que el fiscal jefe de la Corte Penal Internacional (CPI) haya anunciado en La Haya que va a actuar contra el dictador libio Muamar el Gadafi y su círculo de confianza por crímenes contra la humanidad, cuando nadie ha tomado aún iniciativa alguna para detener tales crímenes y poner al criminal a disposición de los jueces. Comienza a abrirse paso, sin embargo, una corriente de opinión favorable a la intervención. Obama ha declarado que «existe el riesgo de un estancamiento que podría ser sangriento», y ante tal eventualidad, «no quiero que nos quedemos quietos ( ) Existe una amplia gama de opciones, militares y no militares que estamos examinando, y tomaremos las decisiones adecuadas». En Europa, las opiniones son diversas: la ministra de Defensa española, Chacón ha manifestado que España es uno de los países de la Alianza que desea que «de forma rápida Naciones Unidas avalara cualquier intervención que de forma clara, con fines humanitarios, pudiera llevarse a cabo ahora mismo». Otros países -"Francia, Rusia, Arabia Saudí-" están sin embargo en contra. La intervención tiene contraindicaciones, ya que el mundo árabe, muy susceptible y con razón, difícilmente aceptaría que una intervención militar es tan sólo una injerencia humanitaria. De cualquier modo, están en juego vidas y valores. La decisión no puede tomarse ni con pusilanimidad ni con precipitación.