CRÓNICAS BERCIANAS
A ras de suelo
El arquitecto que ha diseñado el parque temático de la minería de Fabero anticipó en la presentación del proyecto -que es como una gestación de trillizos de rinoceronte indio- que a sólo tres metros bajo el suelo los visitantes serán capaces de vivir con nitidez las sensaciones de los picadores que hace ya tiempo dejaron huérfanos de latidos humanos pozos tan emblemáticos como el Julia. Que los turistas embutidos en una funda azul y tocados con un casco podrán percibir los ruidos olvidados de las galerías, oler la humedad y hasta presentir el temor a un derrabe mortal. Será un viaje en la antigua jaula del pozo en el que uno se podrá regalar la ilusión Disney de sentirse sepultado a 600 metros de profundidad. Interesantes sensaciones a sólo dos palmos bajo suelo. Tan imaginarias como reales, sobre todo si en dos años el parque temático comienza a rendir dividendos para una tierra tan abrasada como la de Fabero y toda su cuenca.
A ras de suelo, en cambio, uno no acaba de tomar el pulso al futuro del carbón. Algunos de los actores principales del parque energético de este país resultan consumados especialistas en el arte de la desorientación. A ras de suelo te encuentras lo mismo a los «sabios» de Faes preconizando un duro varapalo al carbón nacional por su presunta falta de competitividad, que a los populares de la Junta de Castilla y León defendiendo un eurorrecurso contra la eliminación de las ayudas al sector. A los sindicatos criticando comedidamente a Faes y mientras tanto firmando con diversas patronales un manifiesto bautizado como III Revolución Industrial, auspiciado por el supuesto gurú energético de Zapatero, el economista Jeremy Rifkin, que aboga por convertir a este país en líder fundamentalista de las energías renovables.
Ni Zapatero ni Rajoy tienen motivo alguno para atender a las directrices de estos lobbys , think tanks o yo que sé que zarandajas. Pero uno abriga la sensación de que con el líder del Gobierno y el que demoscópicamente está llamado a sucederle podría ocurrir cualquier cosa. Sólo hay que atender a la altitud de miras de sus últimos discursos en este ámbito. Rajoy reclamó ya a Zapatero un plan energético como «Dios manda». Y a renglón seguido el segundo aconsejó al primero que «hablé con Dios». Si les dejan podrían firmar el proyecto del parque del holocausto minero.