Diario de León
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ERNESTO ESCAPA
León

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Marzo dobla la esquina de esta semana entre el recuerdo a Miguel Delibes, muerto hoy hace un año, y la memoria de Félix Rodríguez de la Fuente, que el 14 nació y tuvo su trágico final en Alaska. El martes 8, Día Internacional de la Mujer, se cumplieron casi nueve siglos de la muerte, en 1126 y en Saldaña, de doña Urraca, primera reina titular de la Edad Media en Europa. Es lo que tiene un territorio tan rico de aventura, que no hay día sin afán. Hija y madre de reyes, Urraca mantuvo la corona durante diecisiete años con agudeza, y criterio.

Su imagen padeció el descrédito de la historia convencional, deudora de los infundios propagados por los cronistas de la mitra compostelana. Viuda prematura, se casó y vio anulado el matrimonio con el rey de Aragón, que sumó sus asechanzas a las pretensiones de los nobles y a la codicia del alto clero. Todavía en numerosos lugares permanece su rastro legendario, vinculado a menudo a episodios de desenfreno. Una novela de Lourdes Ortiz, con el título de su nombre, ofrece una imagen cabal de la reina, acorde con las investigaciones del hispanista Reilly, quien pondera su actuación en el complejo trance que le tocó vivir.

El naturalista Félix Rodríguez de la Fuente murió en 1980, cuando ocupaba la cumbre de la fama. Cumplía ese día 52 años. Apenas aplacada la algarabía de los duelos oficiales, vino el purgatorio del olvido. Hasta que un friqui rompió el hielo, en la charcutería televisiva de sobremesa, con la denuncia del maltrato a los animales para el rodaje de escenas impactantes en sus documentales. Entonces levantaron la voz sus colaboradores de campo, como Domingo Arce, el caminero de Valdenoceda, y sus discípulos, convertidos ya en referentes de la defensa de la naturaleza. A los diez años de su muerte, la Junta de Posada le concedió la medalla de oro de Castilla y León. Apenas Poza de la Sal, que es su pueblo, y las Hoces del Riaza, donde puso en marcha en los sesenta el primer campamento de Adena para rapaces, mantienen la llama de su memoria.

El año de Delibes ha visto incrementar sus lectores, mientras se sucedían los homenajes. Las autoridades que no supieron estar a la altura en su despedida, distraídos por el ruido de los motores o en cometidos aún más peregrinos, se agolparon después en honores póstumos. Despejado el campo de los protocolos, volvió el turno del común, que es el de sus lectores. Lástima que Destino, su editorial de siempre, no le muestre el respeto debido de corregir pruebas al pasar a ófset la impresión de sus libros clásicos. Así que en las ediciones canónicas de Áncora y Delfín las erratas son legión: un seis sustit uye a la o acentuada (repas6) y la m se convierte en rn (aurnentar) o viceversa (tacituma). Una tortura para el lector.

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