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CÉSAR GAVELA
León

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Sanchidrián corría en el equipo más modesto del pelotón, el Karpy. El nombre de un licor alavés. Venía pedaleando desde Orense, demasiado lejos. La larguísima etapa de aquella Vuelta a España de 1967 terminaba en Astorga y cruzaba Ponferrada de oeste a este. La ciudad se había volcado con el evento; nunca vi más gente en la calle que aquel día.

Y es que íbamos a salir por la televisión, algo que era mágico porque Ponferrada no había salido casi nunca. Pero como TVE dedicaba veinte minutos cada día a la etapa de la Vuelta, la oportunidad para salir era manifiesta.

Por aquel entonces yo era un chaval muy forofo del ciclismo. Me conocía los nombres de todos los corredores. Incluso los extraños apellidos de los ciclistas holandeses, belgas, alemanes. Me encantaba decir: Gerben Karstens. Y así.

Sanchidrián, corredor modesto, abulense y flaco ya llegó roto a la Martina. Llevaba ciento sesenta kilómetros de escapada suicida y no podía más. Las cuestas crudas y las interminables curvas que iban lamiendo el Sil y las montañas del macizo Galaico lo habían convertido en un mártir iluminado. Tan delgado que casi no existía. Una especie de bici alta, él mismo.

Pero llegó a Flores del Sil, todavía el primero. Por televisión vimos a la noche lo que veía Sanchidrián en vivo y en directo: el barrio sin aceras, la gente entusiasta, los niños felices y las señorinas con chador cristiano que salían a ver a los colosos.

Porque cuando uno ve a los ciclistas en directo, a los grandes ciclistas que corren las vueltas importantes, se produce una evidente emoción. La he experimentado muchas veces. El ciclismo es uno de los más bellos deportes y conmueve lo suyo. Sobre todo en la montaña.

Sanchidrián pasa ahora junto a la finca del Belga, no sé si había entonces aceras por allí; pero ya se estaba construyendo el hotel del Temple, una isla en medio de campos de tierra donde se jugaba un fútbol arenoso. Al fondo queda el poblado de la MSP, y al lado una tolvanera donde íbamos a buscar fósiles.

Cuando el escapado cruzó el puente de los trenes la imagen de la tele se cortó. El centro de la Puebla, la avenida General Vives, el parque, el campo de Santa Marta... todo eso no salió. Quedé perplejo a la noche al constatarlo. Orense y Astorga, claro, se llevaron los minutos.

Pero habíamos salido en la televisión gracias al ciclismo. Ahora también Ponferrada y el Bierzo van a salir por todo el planeta dentro de tres años y durante varios días. En los campeonatos del mundo, nada menos.

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Es una gran noticia; yo aún no me la creo del todo. Habrá que preguntarle a Antonio Pereira si es verdad o no.