EL GALLO. La ira de los ignorados
Dos y cuarto de la tarde. En la acera de la plaza de la Inmaculada menos castigada por el indolente sol de abril tres venerables octogenarias encaran al concejal popular Luis Nogal y lo interrogan acerca de alguna cuestión política municipal. «No sé, señora, es que me echaron del partido», contesta el edil. Y al percatarse de que para hacerse oír había elevado el tono de voz hasta la altura de su talla física llamando la atención de otros viandantes, matiza: «Es que no voy en las listas». Destila bilis la respuesta de Nogal. No ha sido precisamente ejemplar la actitud de la dirección del PP respecto a los concejales en el Ayuntamiento de León , con algunos de los cuales ni siquiera se ha dignado hablar. Pero deberían entender también que, en general y en este caso en particular, no ha sido mucho mejor su labor política en la oposición y que quien tiene el derecho a poner, lo tiene... a no poner.