Diario de León
Publicado por
CÉSAR GAVELA
León

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R ecuerdo a mi madre quejándose de que ella tendía la ropa pero la ciudad le devolvía carbonilla. Polvo quemado que se posaba en la colada de los ponferradinos. Mi madre se lamentaba en vano; aquello no tenía remedio. Porque la chimenea de la central térmica de Compostilla I, la actual sede de la Ciuden, esparcía por toda la ciudad su gasa negra durante el día y la noche.

Humo redoblado por el de la térmica de la MSP, muy cercana a la anterior. Pero además estaban las brumas que producían los lavaderos de la gran empresa minera, que también volaban de casa en casa. Con sus alas de hollín. Ponferrada era el reino del humo. Que muchos días se juntaba con la niebla, para mayor desdicha. Porque la niebla fijaba el humo en el aire, nos convertía a todos en extraños mineros grisáceos, húmedos y borrosos.

La ciudad era entonces un remoto suburbio de Occidente; un lugar de poca monta, con dos ríos más negros que el betún. En aquel desorden casi preindustrial, la montaña de carbón era una pirámide erigida al dios de la Muerte.

Así nos criamos y vivimos muchos miles de bercianos. En la vecindad de lo negro y lo sucio, de lo insano. Pero entonces no se sabía mucho de ecología. Y lo poco que se sabía era irrelevante porque ningún político iba a mover un dedo por reducir aquella intoxicación. Más o menos como hace la Junta de Castilla y León ahora.

Se tardó mucho en liberar a la ciudad de los grilletes de la empresa minera, que había dibujado no solo su mapa sino también su destino. Un Far West con almacenes de coloniales y con peleas a las puertas de los cines. Y la gran nube negra de las térmicas y las locomotoras.

Pues bien, ese tiempo sombrío pretende volver de la mano de la cementera Cosmos, de Toral. Una fábrica que se propone quemar neumáticos viejos en el corazón verde y vino de la comarca. Piedra y tiempo, ríos y cuentos.

Llenar el cielo de basura a un paso de Bérgidum, la loma que da nombre al Bierzo, el balcón natural desde donde la región luce más bella. Tan florida y jacobea. Allí donde los romanos irradiaron la cultura latina, la misma que ahora nos sustenta, allí quieren que luzca la antorcha bárbara. Con sus plásticos candentes.

Hay quien quiere que el Bierzo se parezca a esas regiones devastadas de Ucrania o Kazastán. Tierras destruidas por inciviles complejos petroquímicos. Nubes negras, cielo negro, sol negro. Pero no podrán. Como antaño tampoco pudieron convertir el río Burbia en una sarta de embalses. No podrán porque tenemos el ejemplo moral de Antonio Pereira y de Ramón Carnicer. Tenemos al Bierzo del pasado y al del futuro aquí; nosotros lo representamos. No podrán oscurecer la hermosa luz de esta tierra.

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