Ponferrada

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Valentín Carrera decía el sábado que dentro de unos años, si permitimos que incineren neumáticos en Toral de los Vados, la uva mencía nos sabrá a rueda quemada y las cerezas tendrán un regusto a dioxinas cancerígenas.

Juan Carlos Mestre no estaba entre la marea de gente anónima que se echó a la calle en Ponferrada para protestar contra los planes de Cosmos en Toral de los Vados, de Biergrim, que quiere abrir un vertedero de residuos en Matachana, y de Aqualdre Zinc, que pretende reciclar residuos de acería en Cubillos del Sil. No estaba en cuerpo -"no tuvo tiempo de regresar de un viaje con el Instituto Cervantes por Marruecos-" y por eso prestó su voz a otro para reclamar que los malos humos de la incineración no nos ahoguen los sueños. Mestre animó a defender el Bierzo igual que a un inocente condenado a muerte. Y ahí demostró que después del siglo XX, la poesía todavía puede ser un arma cargada de futuro.

No estuvo Amancio Prada. Pero el cantautor de Dehesas fue duro y directo cuando calificó la incineración de atentado terrorista.

Y tampoco se mordió la lengua, porque le hubiera salido una bilis rabiosa, el locutor Luis del Olmo, que pasó ante su propio busto tirando de la pancarta de la manifestación y advirtió de que el Bierzo es un jardín intocable y a ningún canalla, son sus palabras y las hago mías, se le puede ocurrir quemar aquí productos que contaminen el aire.

El pintor José Sánchez Carralero tampoco faltó a la cita. Ocupó un lugar visible en la manifestación. Y agradeció que no hubiera contaminación política y los bercianos se echaran a la calle todos a una, como en Fuenteovejuna.

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Pero toda la riada de ocho mil personas que protestaron el sábado en Ponferrada no servirá para evitar que Cosmos se ponga a quemar neumáticos si no hay un cambio en la legislación que permite a las empresas deshacerse de los residuos en lugares como Toral de los Vados. Y como yo tampoco quiero beber mencía con sabor a ruedas, ni quiero que cambie el regusto de las cerezas, ni consiento que me ahumen los sueños; y porque puedo hacerme eco en esta columna de todas las voces que recuerdan que el Bierzo es inocente, aquí lo escribo y aquí lo dejo. Y cito a Alfonso Rojo; yo tampoco quiero ser cómplice de algo tan estremecedor.