Diario de León
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TRIBUNA - josé luis gavilanes laso. escritor
León

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Y a apuntó nuestro bien humorado Arcipreste de Hita que: «Como dijo Aristóteles, el mundo por dos cosas trabaja: la primera por haber mantenecia; la otra por haber juntamiento con fembra placentera». Pero lo que es absolutamente natural puede cobrar un tono escandaloso. Es lo acontecido hace unos días a un salido sexagenario galo, con una combinación de apellidos entre vals vienés y raza canina, Dominique Strauss-Khan, al tratar de dar en una habitación del Hotel Sofitel de Nueva York un empujón sexual sin el consentimiento de la dama. Un amigo mío, bastante ingenuo él, no se explica cómo el Khan este, Director Gerente del Fondo Monetario Internacional, que puede permitirse ostentar el último modelo de Porsche y tener el dinero por castigo, en llegándole el apremio, no se desfogue con alguna chica de virtud distraída, de delantera apoteósica y nalga como una noche germinadora. ¡Pero, Feliciano, le digo, qué ingenuo eres! A tipos de cartera bien pertrechada esos territorios están ya de sobra explorados: Lo que tienen como necesidad insatisfecha son emociones fuera de currículum, algo nuevo que conquistar en la erótica insaciable del poder. Lo cierto es que en este caso concreto se trataba de seducir, a l parecer, a una honesta mucama más oscura que un enigma y eso podría dar lugar a una situación placentera absolutamente desconocida. En esto del sexo hay un abanico de exquisiteces de lo más caprichosas o extravagantes que uno p ueda imaginar, máxime cuando ya se tiene un vasto historial de hazañas sobre el sexto mandamiento, como parece ser el caso de Dominique. Que la vida es efímera, y más después de doce lustros.

Conocí a un portugués llamado Augusto, pero más conocido por el apodo de Capitán Fodas, cuya máxima obsesión político-sexual, de 9,5 en la escala gradual de Sade, consistía en tratar de tirarse a las mujeres de todos los comunistas de Figueira da Foz. Al día de hoy sólo ha conseguido, que se sepa, tres visitas al juzgado de lo penal y un par de bofetones. El admirado y ya casi centenario Kirk Douglas, absolutamente enamorado de Anna Maria Pierangeli, cuenta en sus memorias ( El hijo del trapero ) los infructuosos intentos de llevarla al huerto, pues la moza angelical nunca se separaba de su madre, por lo cual hubo de desistir, que lograr hacer un triángulo en la cama con la suegra, caso de consentimiento, no prometía ninguna emoción novedosa.

Cuando en casos de presunta agresión sexual no existen testigos, el asunto es de difícil reso lución si la víctim a sostiene haber sido objeto de abuso y el presunto agresor lo niega. Ya los abogados del francés apuntan, como cabía esperar, la absoluta inocencia de su defendido argumentando el consentimiento femenino. Me vienen a la tecla dos hechos relacionados. En primer lugar, una coplilla castellana: «Jacinta perdió la flor y la encontró un tal Ramiro. Ella dice que hubo fuerza; él, que gusto consentido. Si dicen quién de los dos en la porfía ha mentido, dirán los hombres Jacinta y las mujeres Ramiro». En segundo lugar, un incidente acaecido en agosto de 1988 al futbolista vasco José Ramón Alexanco, capitán entonces del Barça desplazado a jugar un partido de pretemporada en Holanda. Detenido y acusado en el Hotel Papendal por haber violado a una joven empleada de veinte años, fue liberado cinco días después porque el juez no encontró suficientes pruebas de delito.

Pero también cabe la hipótesis de que todo haya sido una trampa tendida para desacreditar políticamente a un adversario, aprovechando al perfil de este sexócrata que ha renunciado al FMI, pero que seguirá suscrito mientras pueda a la JOS ( jodida obsesión sexual). En el mismo sentido, es también sospechosa, después de ocho años de invernadero, una acusación a cargo de la periodista y escritora Tristiane Banon, que afirma haber sido forzada sexualmente por Strauss-Khan, al que pinta como un «chimpancé en celo». Estos antecedentes y las circunstancias propias del caso: perfil honesto de la limpiadora del Sofitel, una emigrante guineana de 32 años, posibles marcas en el forcejeo y la escapada apresurada hacia el avión por parte del presunto agresor, han hecho que la justicia del dólar, por cierto, bastante menos escrupulosa que la del euro con quienes detentan altos poderes, haya llevado esposado a Strauss-Khan hasta el truyo, con la amenaza de que le caigan unos cuantos años encima y la más que probable ruina de su vida política.

A la fracasada voluptuosidad por tierras americanas de Strauss-Khan, sucesor del español Rato en la dirección del FMI, hay que adjuntar su condición de militante del Partido Socialista Francés, con todas las prerrogativas a su favor de primero en la lista para hacer frente a Sarkozy en las próximas elecciones generales de 2012. Los socialistas franceses se agarran a un clavo ardiendo pensando que todo ha sido una manipulación urdida por el enemigo político. Pero, el simple hecho de que un socialista, por mucha fortuna que tenga en virtud de gananciales, sea capaz de gastar tres mil dólares por la habitación de un hotel, hace s altar todos los relés de la comprensión, devolviéndonos a un mundo totalmente al revés. Es obvio que hoy no se pude sostener el viejo socialismo decimonónico, como hacía un familiar mío que no concebía militante socialista sin ir calzado con zapatillas de esparto.

Pero es que esto otro-¦, este socialismo de caviar y guante blanco, hace retumbar los cimientos ideológicos con tal estruendo, que si fuese posible que Marx, Engels y todos los socialistas utópicos levantasen la cabeza, se les caería inmediatamente de disgusto. ¿Quién dijo aquello del «ocaso de las ideologías»? Debe ser verdad. Las teóricas líneas ideológicas divergentes que deberían existir entre Sergio Berlusconi y Dominique Strauss-Khan se han transformado en la práctica en líneas para lelas. Y no son los únicos. Por estos pagos sé de unos cuantos.

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