León

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E milio Gutiérrez, el candidato con eco -«gestión, gestión y gestión»- ha ganado las elecciones. Su victoria no necesita pactos de gobierno. Por tanto, nadie podrá decir eso de «con la ayuda del vecino, mi padre mató un cochino». Y no sólo porque al gocho se lo fue cenando en lonchas, a lo largo de la campaña. El ya célebre jamón de don Emilio ha sido mano de santo. «A partir de hoy se me conocerá ya más», ironizó tras conocer los resultados. Javier Chamorro, hasta ahora mucho más conocido que él, había declarado durante la campaña que, ganase el PP o ganase el PSOE, la UPL solo favorecería la gobernabilidad municipal a quien les diese la alcaldía. El perejil de todas las salsas, salvo de la más inesperada: la mayoría absoluta de los populares. El electorado no ha querido llaves ni ganzúas. El político leonesista ha explicado su revés en un «sobreapoyo al PP para castigar al PSOE». Las interpretaciones son libres, pero resulta más sencillo aceptar que quizá sean muchos más quienes no desean salirse de esta Comunidad y no perciben a Valladolid como la bicha. Las minorías pueden ser necesarias para gobernar, pero el discurso ideológico que prevalezca ha de ser siempre el mayoritario. Por ello, creo que Fernández se equivoca con su «leonesismo práctico». No obstante, deja en la ciudad -me parece indudable- mejoras importantes. Demonizarlo, sin reconocer logros, sería maniqueo.

A Gutiérrez ya no le será necesario llevarse el cuchillo jamonero al Ayuntamiento. Podrá desarrollar su programa, sin forzadas concesiones. En tiempos de crisis, servir es un honor. En tiempos de crisis, todos hemos de arrimar el hombro, pero los políticos han de ser los más madrugadores.

Quizá por ello, Herrera lanzó un vitalista mensaje a los suyos: «Celebradlo esta noche, pero a las ocho de la mañana os quiero en vuestros despachos trabajando por vuestras ciudades, pueblos y por la Comunidad».

La fiesta electoral ha terminado. Sólo queda desear que del hueso del jamón salga un buen caldo, si no al gusto de todos, pues es imposible, sí al de la más amplia mayoría. Y además, unas croquetas tan sabrosas como las de Marquitos, aunque, si el gran restaurador me permite la broma, algo más baratas que las suyas.

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