Diario de León
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León

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Q uien no conozca la intrahistoria de las relaciones político-personales que se tejen en la capital de la Costa del Sil -”y no seré tan petulante como para jactarme de conocerlas todas ni a fondo-” podría pensar que los resultados deparados por la urnas el pasado domingo se extrapolarían fácilmente a escala nacional bajo la naturalidad de un pacto de gobierno en Casteldefells entre CiU y el PP o de una alianza entre BNG y PSOE en Redondela. Pero es que en Ponferrada, y menos en el terreno político, nada resulta natural como queda demostrado tras la barrida generalizada de los populares en toda España, buena parte del Bierzo incluida, excepción hecha de esta plaza.

El dictado de los comicios en la capital de la Costa del Sil es el más crítico que podría esperar la ciudad en los tiempos de crisis que corren y con eventos tan relevantes social y económicamente como la organización del Mundial de Ciclismo 2014 en sus albores. Ya en la salida de Ismael Álvarez de la alcaldía por el caso Nevenka, al margen de lo juzgado, concurrieron grandes desafectos personales a escala local que luego alcanzaron su cúspide en altísimos despachos de este país. Y la historia casi se repite en otra esfera. Ahora, como cuando Ángel Escuredo pasó de convertirse del mejor amigo de Ismael a uno de sus más severos adversarios, el tiempo en esos bucles caprichosos que acostumbra a regalarnos, enfrenta al ex-alcalde con el que fuera su mimado delfín. Los dos han devenido en tiburones. López Riesco y Álvarez han sido capaces de acumular tanta bilis en tan pocos años que lo que algunos piensan que podría solucionar Herrera o tal vez algún dirigente popular de mucho de más alto rango, lo cierto es que es resulta bastante más complicado. Antes uno y otro tendrían que pasar por el diván de un reparador de conciencias, de agravios ciertos o sospechados y de rencillas mutuas alimentadas por el silencio.

Frente a ese diagnóstico espiritual se me antoja cualquier desenlace insospechado en la gobernabilidad de Ponferrada. Pero sobre todo y lo que es peor, que lamentablemente y bajo ningún concepto, es probable que redunde en la comodidad de la sufrida ciudadanía. Y ojalá no abra una nueva brecha social en la capital de la Costa del Sil como la que los protagonistas de esta nueva historia han conocido muy bien y también han padecido.

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