Diario de León
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¿Por qué no protestamos?

N os falta cultura de consumo. Como consumidores todos entendemos que si un establecimiento nos vende un producto que está defectuoso o nos prestan un servicio que no es el solicitado podemos reclamar que se subsane el hecho dándonos otro producto, la reparación del servicio sin coste alguno e incluso la devolución de su importe. Así lo entiende la mayor parte de los consumidores y también de las empresas. ¿Entonces, por qué si acudo con tiempo, hago mi cola como todo el mundo, pago mi entrada (nada barata por cierto), por qué no voy a poder reclamar si considero que el servicio no es el apropiado? ¿Tan extraño nos parece? Alguno podría pensar que no lo considera así los cines Van Gogh.

Uno debe ser muy maniático, lo sé lo reconozco. Tengo la manía de ver la película entera, sin interrupciones, enfocada, con imagen y sonido simultáneos, sin tener que salir varias veces durante la proyección para pedir, por favor, que otra vez corrijan el proyector o que al poner en marcha la película de nuevo no me escatimen unos minutos de la misma.

Uno es así de excéntrico. En una de las ocasiones en que sucedió todo lo anterior, pues fueron dos veces, en la última de Indiana Jones y en la de Buried, la mayor parte de la gente que estaba en la sala, al terminar la proyección, tras protestar un poco, marcharon sin más. Sin compensación alguna. Otros que insistieron más obtuvieron una invitación para otro día. Lástima que esa invitación no fuera para festivos, vísperas o estrenos, pues era por eso por lo que habían pagado. Apenas unas veinte personas todavía insistimos y finalmente se nos devolvió el importe de la entrada. Creo que nos falta cultura de consumo. Reclamar el servicio pagado resulta costoso, no tanto por el precio de la entrada, sino porque resulta desagradable y las dificultades que te ponen. Evidentemente, exigir los derechos propios como consumidor en tales circunstancias parecería no compensar por sólo el dinero de la entrada.

Tal vez esa sea la intención de la empresa, pensaría algún malintencionado, personalmente prefiero pensar que se trata de falta de formación al personal de estos cines. Sin embargo, no reclamar supone admitir que todo está bien, que se acepta pasivamente e incluso que se consiente el hecho de que vuelva a suceder. No creo que como consumidores debamos dejar de reclamar. Lo dicho. Nos falta cultura de consumo.

Francisco José Pérez César. LEÓN

Malos tiempos

C orren malos tiempos para la minería y sus trabajadores, los mineros. Y aún hay quien se empeña en empujar el carro sin frenos por la cuesta abajo, con agresiones verbales gratuitas como las que en los pasados días hemos leído y escuchado en varios medios de comunicación escritos y orales , en las noticias referidas al triple asesinato de Degaña (Asturias).

Le escribo a su periódico señor director, porque ha sido uno de los que se ha significado, y mucho, en estos asuntos. Las informaciones que dan prioridad al trabajo del autor de los hechos sobre los hechos mismos, creo que profesionalmente carecen de rigor. Éticamente son reprobables. Y si el estilo del medio es ese, pienso que deberían replanteárselo.

No se puede agredir y degradar a todo un colectivo, por las acciones de uno de sus individuos. He consultado varios diccionarios de sinónimos y en ninguno se sitúa a violento, agresivo, inconsciente o asesino con la palabra minero. Mineros eran también dos de los asesinados. Minero soy yo y algunos miles más en estas comarcas y otras de la provincia. No pretendo decir que todos seamos bondadosos y dulces, pero como en cualquier colectivo hay de todo: mejores y peores.

Otra cosa que me molestó aún más, y hasta me indignó, fue la publicación de una fotografía de una vivienda bajo el titular «la casa de la bestia». Vivienda en la que vive la madre del presunto asesino. ¿A nadie se le ocurrió pensar, que en esa casa podían vivir más personas? Bastante tendrá esa pobre madre para sí, que encima la señalamos y la degradamos haciéndola indirectamente responsable de unos hechos en los que nada ha tenido que ver.

Son sólo cuestiones de sentido común, no hace falta estudiar una carrera universitaria para entender estos pequeños detalles. Pero sí es más importante el morbo y la espectacularidad fácil, tendré que replantearme qué periódicos leer.

Luis Álvarez Pérez. VILLABLINO

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