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PEDRO VICENTE
León

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Con la constitución de las Cortes de la octava Legislatura hoy arranca en Valladolid el proceso de renovación de las instituciones autonómicas de Castilla y León. A tenor de los resultados el pasado 22-M, que dispararon la mayoría absoluta del PP hasta los 53 escaños, habría que decir que la reanimación del amuermado Parlamento autonómico es una causa perdida. Sin embargo, con resultar determinante para infinidad de cosas, la aritmética de los escaños no lo es todo en la vida parlamentaria.

La revitalización de las Cortes es una asignatura pendiente en la que, lejos de progresar adecuadamente, se ha ido retrocediendo en cada legislatura. Durante mucho tiempo se achacó su devaluación a dos factores instrumentales, cuales eran su inadecuada sede en el castillo de Fuensaldaña y el anquilosado Reglamento de la Cámara. Tras una ardua negociación se consiguió reformar el Reglamento, al tiempo que aquella vetusta sede fue sustituida por un moderno y funcional edificio, espacioso donde los haya. ¿Se consiguió con ello revitalizar la institución? Es obvio que no, al extremo de que el edificio que la alberga es conocido como 'el mausoleo'.

El papel subalterno del Parlamento de Castilla y León ha alcanzado cotas lamentables durante la pasada Legislatura, en la que los grandes asuntos de la Comunidad se ventilaron fuera de la institución. Fue el caso de las fusiones de las cajas de ahorro y el Plan de Convergencia, ambos pactados y negociados bilateralmente entre el PP y el PSOE completamente al margen de las Cortes, utilizadas únicamente para sancionar a posteriori lo acordado previamente en esas opacas negociaciones. De esa postergación de la institución parlamentaria han sido por tanto corresponsables los socialistas.

Mientras tanto, ni que decir tiene que el PP ha seguido aplicando el rodillo sin ningún complejo, obstaculizando con todos los medios a su alcance la labor de control a la Junta por parte de la oposición. Pero el rodillo tampoco disculpa la errática e incomprensible estrategia del PSOE, que en ningún momento ha sabido jugar las cartas que tenía en su mano. Para los anales de la estupidez parlamentaria quedará la decisión del grupo socialista de no enmendar a la totalidad unos Presupuestos de la Comunidad, los del 2009, que luego terminó votando en contra. Gran parte de esa aberrante situación se ha debido al bipartidismo de facto existente en el 'el mausoleo' después de que los dos procuradores elegidos por la UPL recalaran en el limbo del grupo mixto. Aunque sea con un solo procurador, el regreso de la UPL y de IU a las Cortes pone fin a ese bipartidismo, devuelve pluralismo a la Cámara y obliga a los socialistas a ponerse las pilas. Todo lo cual no es poca cosa.

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