LA 5ª ESQUINA
El testamento del Dr. Mabuse
Hace bastantes años Televisión Española emitió una serie de películas de Fritz Lang, cineasta austriaco que trabajó en Alemania entre 1919 y 1933, para exiliarse después en Estados Unidos, tras el ascenso de Hitler al poder. Aquellos ciclos de cine, desaparecidos de las actuales programaciones televisivas (la cultura se trasforma en MI cultura, por parte del insulso gobernante), solían cumplir un doble objetivo: conocer la historia del cine (por extensión las diferentes culturas) y propiciar la reflexión sobre la conducta humana, algo que estos maestros de la imagen buscaban en cada película. Una de aquellas cintas se titulaba «El Dr. Mabuse, el jugador» (1922). Con ella Fritz Lang retrataba el desorden moral y civil de Alemania, en los años previos al hundimiento económico -que culminó con la depresión de 1929-, y en la órbita del derrumbe de los ideales europeos y del eclipse casi general de las conciencias de aquella época.
Chantaje, contrabando, drogas, asesinatos, maniobras bursátiles, inflación, paro, miseria, delincuencia-¦ En fin, como diría Georges Bernanos, «todo lo que hace que la dignidad del hombre pueda desaparecer sin nada a cambio».
Al Dr. Mabuse le interesaba el dinero y el dominio de los hombres, por eso compraba conciencias e hipnotizaba voluntades. Este retrato alegórico del régimen nazi (y de su líder), fue un éxito en Alemania, aunque al público le gustó porque veían en ella la locura en la que estaban obligados a vivir. El Dr. Mabuse, manipulador de la mente humana, fue un tema recurrente a lo largo de su carrera cinematográfica. «El testamento del Dr. Mabuse», fue su última película en Alemania, antes de huir a Francia y, curiosamente, cerró su etapa como realizador con «Los crímenes del Dr. Mabuse» en 1960. Al ministro nazi de propaganda, Goebbels, le gustó tanto Mabuse que ofreció a Lang la dirección de la cinematografía alemana, creyendo encontrar en él al director idóneo para realizar la gran película del nazismo. Al día siguiente huyó a Francia.
Para Fritz Lang no existían actividades culturales donde estaba ausente el pensamiento, «donde el talento se pone al servicio del espíritu local, para exhortar la adoración a uno mismo», cultura zombi como la llama el ensayista francés Alain Finkielkraut. El Dr. Mabuse se «murió de éxito» y acabó sus días en un manicomio.
En su testamento nos deja en herencia un retablo de vanidades humanas cuya aspiración es vivir sin supeditarse a moral alguna, como denunciaría Ortega y Gasset: «El inmoralismo ha llegado a ser de una baratura extrema y cualquiera alardea de ejercitarlo»... Había que hacer algo.