HISTORIAS DEL REINO
A la conquinta
S e sorprendía la Pícara Justina de cómo los leoneses sacábamos pecho para lucir las galas de nuestros mayores, aunque el presente no se mostrase tan afortunado como el ayer. Sonríen hoy muchos otros, no tan pícaros ni tan justinos al advertir que de aquellos polvos que fueron de oro restan estos lodos. Ya León no ejerce ni de corte, salvo de mangas, ni de origen del Parlamentarismo, salvo de barra de bar, ni de otro jaez que zaherirnos los unos a los otros sobre quién es más leonés que el resto, quién ha hecho más por la tierra. Como si no existieran espejos en las letras, la política, la economía-¦
En lugar de defender lo nuestro -”pan, tierra, familia-”, seguimos enzarzados en querellas feudales que nos llevan a discutir sobre las acuñaciones de moneda de tiempos de Adriano a su paso por León, o de si Sancho I el Craso pesaba ciento veinte o ciento veinte un kilos. Mientras, Caja España-Caja Duero, cuyas noticias caminan de puntillas, casi de soslayo y pidiendo perdón por aparecer, lejos de mostrarse ese edificio al borde del derrumbe, puede sacar pecho gracias a los parámetros bancarios europeos y aún decirle tururú a Unicaja si así lo desea, vistas las condiciones, a veces imperativos, de los andaluces, que hacen bien en defender lo suyo. También se detienen ellos a pensar si Abd al-Rahman III era pelirrojo natural o se teñía, pero mientras recuerdan los versos de Al-Mutamid no olvidan cerrar los tratos con las Cajas del norte cristiano. Y qué decir de los vascos, orgullosos de Elcano y sus descubrimientos, pero sin dejar que las empresas que tributan allí se escapen a otras tierras. Entretanto, nosotros apenas si sabemos quién era la esposa del berciano Álvaro de Mendaña, Isabel Barreto, primera mujer Almirante de la Historia de España. Y encima, por si no bastase, nuestros empresarios miran con ojos tiernos otros lares más propicios que éstos. Gustan los valencianos de recordar a Jaume El Conqueridor , para el resto Jaime I El Conquistador , el gran monarca aragonés que se ventiló en un pis-pas media costa mediterránea para sus arcas regias. Al tiempo, Valencia despega con fuerza y se hace hueco a codazos de riqueza, sea o no bien regida la misma. Quejámonos de lo que los demás nos hacen, como en tiempos de la Pícara Justina, pero han pasado casi cuatro siglos desde entonces, y desde León han surgido empresarios capaces de generar riqueza en España y América, hombres y mujeres de pro que han traído fama y lustre a esta tierra. Pero algo tiene de cancerígena cuando superado el filo del siglo XXI recrimina a la excelencia el hecho de serlo, castiga a los mejores y encumbra a los mediocres-¦ mientras el resto de los mortales seguimos cual plañideras esperando que otro solucione nuestros males. ¿Cuándo volveremos a comernos el mundo como antaño?