EL RUBICÓN
A la deriva
M ás de un mes después de tomar posesi ón como alcalde de León, Emilio Gutiérrez, es ya por derecho propio el desfacedor de entuertos mayor del reino. En poco más de treinta días ha deshecho tres obras del anterior alcalde. En este tiempo, la avenida Fernández Ladreda ha perdido sus pivotes blancos y se ha abierto a cuatro carriles; el parque de porque lo digo yo ha desaparecido de Papalaguinda, adonde ahora regresa el Rastro dominical. Tres medidas que, como las hijas de Elena en el poemario popular, se deshacen «porque ninguna era buena», según el acalde, también popular. La rebaja del IBI, eso sí, ni está ni se la espera.
Curioso resulta lo del Rastro. Es verdad que el regidor quería sacarlo de detrás del campo de fútbol, pero por lo que no abogaba Emilio Gutiérrez es por devolverlo a Papalaguinda. Él había pensado otra ubicación «mucho mejor», pero claro nunca la desveló ni lo hará ahora. Entonces, ¿quién apostaba porque el Rastro regresara a Papalaguinda? Isabel Carrasco. Ella, eso sí de puertas para adentro, decía que donde debía estar es adonde curiosamente ahora ha vuelto. No habrá que pensar mal. El alcalde es Emilio Gutiérrez y éste toma todas sus decisiones por consenso y con diálogo.
Mira, como en el PSOE. Ahí también quieren ahora apostar por el consenso y el diálogo, pero es justo cuando se revelan los derrotados por los críticos. Resulta que Francisco Fernández y su desorganizador ya no controlan ni a los que ellos mismos pusieron. Claro, estos últimos han visto cómo mientras ellos perdían los puestos prometidos los otros dos, desde su atalaya, ahora tienden puentes hacia los críticos y aceptan a José Luis Ramón como portavoz del Consejo, algo que por otra parte se ganó él con los votos. Puestos a pensar mal, todo puede ser una maniobra del desorganizador para tratar de ganar adeptos de cara a un futuro congreso. Será porque piensa que el que hoy manda mañana ya no lo hará y él busca garantizarse su futuro. Será por eso que va más al Bierzo que nunca, donde por cierto se le ve acompañado por alguno que también tiene su puesto asegurado los próximos cuatro años: Miguel Ángel Fernández Cardo. Será por eso que en la comarcal socialista berciana se dijo no a la orden dada por Francisco Fernández para aceptar a José Luis Ramón, para quien el desorganizador había propuesto la expulsión. Seguro que no. Del Blanco es un hombre de partido y nunca maniobraría contra quien lo puso. Claro que el PSOE es un barco a la deriva donde prima el sálvese quien pueda.