Diario de León
Publicado por
JAVIER TOMÉ
León

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stá escrito en el buzón del tiempo que el rasgo más característico de cada pueblo es su pasado. La vida empieza en la memoria y, precisamente con la vocación de escrutar la microhistoria local, el director leonés Raúl D. Alaejos y su equipo han guiado y acaban de presentar una película de creación colectiva en la que no hay raccord de actores y, por rizar el rizo, casi ni presupuesto. Es uno de los platos fuertes de la programación estival de la Fundación Cerezales Antonino y Cinia, que junto a apuestas de perfil tan alto como la exposición de fotografías de Cristina García Rodero, también se implica en proyectos de ámbito doméstico que tratan de reivindicar el pasado con el objetivo de reconstruir para las generaciones venideras una memoria cada vez más desdibujada. Proyecto similar al ya realizado por el cineasta en la barriada madrileña de Lavapiés, empeñado en rellenar las lagunas de una historia común plena de cambios y transformaciones.

Por ello, los protagonistas de la peli son los vecinos de la comarca del Condado, los hombres y mujeres de Vega, Castro, Villanueva y el mismo pueblo de Cerezales, que se han volcado en transmitir una auténtica comedia humana en sus múltiples posibilidades. Decía Blake que todas las imágenes creíbles son una imagen de la verdad, la que nos cuenta una extensa nómina de figurantes que nos hablan de los rituales de antaño y de la naturaleza de sus sensaciones y emociones. La inmediatez cotidiana de la vida surge en cada plano a modo de ensalmo mágico en una cinta plena de color local, aunque arropada sin duda por un estimulante entramado didáctico. Hay que felicitar a Rosa Mari Juárez, Rosa Yagüez, Zaida Llamas y resto del equipo de la Fundación Cerezales, y también al repertorio de rostros curtidos y francos que han cedido generosamente su tiempo para contarnos los guiños, risas y rutinas que conforman las fronteras de nuestra existencia.

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