EDITORIAL
Inmigrantes y retorno voluntario
España puso en marcha hace un par de años un Plan de Retorno Voluntario para aumentar la protección de los trabajadores inmigrantes que deseen volver a sus países de origen. La crisis incita a muchas personas extranjeras a replantearse su permanencia aquí. La expansión del mercado inmobiliario permitió dar acogida a las personas que llegaron durante muchos años, pero su caída envió a la cola del paro a nativos y extranjeros. El Gobierno —que abona el seguro de desempleo en dos pagos, el 40% antes del retorno y el 60% al llegar el inmigrante al país de origen— esperaba que se acogieran unas cien personas, pero en realidad sólo lo hicieron unas quince mil y se marcharon cinco mil. El efecto apenas se dejó sentir en León: 51 personas se acogieron a ese plan en el 2009 y sólo 38 lo hicieron en el 2010. En lo que va de año lo han solicitado 13. Sea cual sea el balance es un ejemplo de justicia y solidaridad, como lo fue la regularización en el 2005 del millón largo de inmigrantes que en aquel momento estaban trabajando ilegalmente en España. Visto con la perspectiva del tiempo fue un acto de una factura impecable y no puede quedar reducido al sentido humanitario con que el poder trata a los extranjeros que vienen aquí con la implorante mirada de la necesidad.