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ernesto escapa
León

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La Vega Chache es una alfombra verde que se extiende entre los montes y pueblos de Babia Alta: desde Cabrillanes hasta Quintanilla; desde Peñalba de los Cilleros, a Piedrafita. Guzmán Álvarez, profesor exiliado en el país de los tulipanes, describió esta vega como una cañada comunal, donde se funden los prados de todos los vecinos, que arropan los primeros pasos del río Luna. También Luis Mateo Díez dibujó la estampa de estas praderas en su Relato de Babia: «La Vega Chache aparece moteada en los ardores primaverales por el color y el aroma de las mantequeras, las flores marzas, las margaritas, los anises, las morgas y las flores de sapo». Sus yerbas frescas y jugosas dieron porte a Babieca, el mítico caballo del Cid. Luego inspiraron las esencias de los célebres perfumistas de Piedrafita, cuya estela dejó huella en la literatura castiza.

Babia ha tenido la fortuna de seducir a los escritores, desde el romántico Gil y Carrasco al exiliado Guzmán Álvarez y a los académicos Luis Mateo Díez y José María Merino. Guzmán, que murió hace unos pocos años, dejó en Estampas de Babia la decantación de su sabiduría. Con semejante compañía, es fácil entrever los pliegues del arrebato babiano, ese tirón irrenunciable que ejerce la comarca sobre sus visitantes. Babia propone múltiples caminos para su disfrute. En uno de sus extremos se miran Piedrafita y Quintanilla. Piedrafita (que significa Piedra Hincada) apenas esconde en su nombre el mojón de los antiguos límites comarcales. El caserío se arracima en una encrucijada que bifurca sus caminos hacia Laciana, por el abismo del puente de las Palomas, hacia Asturias, por Somiedo, y hacia Quintanilla. Rumbos todos de esplendor natural, como corresponde a una reserva de la biosfera.

Piedrafita se asienta «en el recuesto de unos morriones» y alrededor de su torre defensiva organizaba las ferias ganaderas. De aquí salieron mediado el diecinueve los fundadores de la perfumería madrileña Álvarez Gómez. Tres primos que lograron situar su colonia en el repertorio de las comedias más famosas. Así rimaron los hermanos Quintero: «No importa la calidad del cutis, / aunque sea de piedra pómez, / te lo deja como un pétalo, / la colonia Álvarez Gómez». Su casona solariega está junto a la ermita del Carmen. Hace setenta y cinco años, el frente bélico de las estribaciones de Somiedo resultó especialmente sangriento. Sus episodios los noveló para los vencedores Concha Espina y los romanceó el cura José María Goy. Hace dieciocho años se publicó Guerra en Babia, de la omañesa María Luz Melcón, y más recientemente Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez, y La sima, de Merino, textos que ofrecen otra mirada sobre aquel conflicto. Hace nueve años se abrió la fosa de Piedrafita.

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