LA SEMANA
Pagaremos la burbuja militar
Algo debe ir mal de verdad en Europa si Silvio Berlusconi suprime treinta y cinco provincias y más de mil ayuntamientos de un plumazo, si en Portugal sube al 23% el IVA de la luz y el gas y si en España hacen huelga por impago hasta los futbolistas y las farmacias, al menos las de Castilla La Mancha. Pero aún peor: mal vamos si no pagamos los tanques, fragatas y cazabombarderos que en su día compró Defensa. Parece que no sólo hubo burbuja inmobiliaria y burbuja mediática, como advirtió José Miguel Contreras, de La Sexta . Por lo visto la burbuja acorazada también existió y se compraron armas en exceso para guerras a las que no vamos a ir. A crédito, por supuesto. El Ministerio de Defensa filtra ahora que la compra, o el compromiso, corresponde sobre todo al período de José María Aznar como presidente, pero a estas alturas da igual. Lo debe el Gobierno de España y sólo en esa factura pendiente hay mas de 25.000 millones de euros. Cada día sale un frente nuevo.
La filtración aparece ahora porque el Gobierno está haciendo las maletas y la ministra de Defensa no quiere que su sucesor se estrene con la clásica declaración de «hemos encontrado en un cajón de facturas que suman veintitantos mil millones en compra de armamento», sobre todo si fueron los ministros de Aznar los manirrotos. Carme Chacón, según dirigentes del Partido Socialista de Cataluña «ya ha tomado la decisión de competir por la secretaría general del PSOE si Rubalcaba no gana las elecciones. Cataluña ya no le interesa y no se cuenta con ella en la batalla por el poder del PSC».
Esa es la clave con la que debe entenderse buena parte de las noticias que aparecen en este verano tan alterado por incendios financieros: unos se preparan para entrar y otros para salir. Y todos toman posiciones para las batallas de otoño e invierno, en urnas generales y en urnas de partido.
En Madrid la vida parece haberse detenido esta semana a la espera de que llegue el Papa. Todo el PP está fuera y han dejado a Javier Arenas como repartidor de leña estos días para que no decaiga. Rubalcaba es el único que no hace vacaciones porque su reto es inmenso y, en su esfuerzo por ofrecer un titular todos los días, ha criticado a Alemania por no encabezar la batalla europea contra la crisis y a la señora Merkel por irse de vacaciones. Si eligiera otros asuntos con los que meterse, sería de agradecer porque solo nos faltaría un rebote de doña Angela. Pero el día 16 todos a sus puestos: Gobierno, oposición, directores de medios y, sobre todo, responsables de logística y seguridad.
Las Comunidades Cristianas de Base de Madrid denuncian en octavillas el despilfarro de la visita papal que pagan grandes patrocinadores pero a cuenta de su factura fiscal, por tanto, en buena medida, pagan las arcas del Estado. El Gobierno se defiende filtrando que al menos los gastos por seguridad se recuperan con las tasas aéreas de los jóvenes cristianos que llegan a España desde todo el mundo para ver a Su Santidad. Los del 15-M ven la oportunidad inmejorable de llenar de contenido su protesta, que por cierto, parece cada vez más cándida a la vista de las revueltas británicas. El cruce de la Puerta del Sol se anuncia como punto de rozamiento máximo entre dos manifestaciones, la cristiana y la social, que no deberían colisionar y que hasta sería deseable que coincidieran en preocupaciones y discursos. Pero si había alguna esperanza de esa convergencia ya se ha encargado el cardenal Rouco Varela de marcar distancias al afirmar que «retirará la excomunión a las mujeres que se arrepientan de haber abortado». Son dos planetas distintos los que se cruzarán en Madrid esta semana.