AL TRASLUZ
Rejuvenecidos
A yer fui despertado bruscamente por un gran estruendo. Di un respingo. Todavía en ese estadio en que estás y no estás, en que eres y no eres, cavilé: no estoy viajando en el Titanic, luego no he chocado con un iceberg; no pertenezco a la ejecutiva del PSOE, luego el sector crítico no puede estar bombardeando mis posiciones; tampoco eran horas para que mi hijo estuviese escuchando música heavy; tranquilo, me dije, sólo puede tratarse de un gran trueno. Y así era. El verano leonés concluye siempre antes que otros, y este otoño vendrá, no hace falta ser meteorólogo, cargado de tormentas. Quienes somos de tensión baja agradecemos que el tiempo se ponga wagneriano. Luego, mientras desayunaba, eché un vistazo a la prensa nacional, interesado en comprobar cómo cada medio trataba el encuentro del Papa con los jóvenes. Entre los elogios, análisis certeros y visiones maniqueas. Entre las discrepancias, las había constructivas y otras que sólo eran ataques anticlericales. Tampoco en este caso había que ser meteorólogo. Pero el catolicismo no es la religión para un mundo en calma chicha, navega mejor en medio de la tempestad.
El Nazareno de «Dulce Nombre de Jesús» cumplió con creces el reto del Vía Crucis ante Ratzinger, y fue elegido el mejor paso. El abad, Fernado Salguero, lamentó que las instituciones leonesas, ausentes en el acto, hubiesen perdido tan gran ocasión para promocionar nuestra semana santa. Tiene razón, pero carece de importancia comparado con el logro. Quizá, esa aparente indiferencia institucional formaba parte de la prueba. Porque lo sucedido en Madrid no puede ser explicado en meros términos de éxito de asistencia, pues no fue un espectáculo de masas. No era público anónimo, sino de creyentes. Y lo invisible era muy superior a lo visible. Por ello, a veces, las dificultades para llevar a cabo un proyecto no son el problema sino su solución. Gaudí pidió él mismo limosna para levantar La Sagrada Familia.
La tormenta caída en Madrid dejará para siempre en esos jóvenes el eco de un trueno de esperanza. Gracias, Santo Padre, por madurarlos a ellos y rejuvenecernos a nosotros.