Diario de León

LA SEMANA

Política y país de magazine frívolo

Publicado por
manuel campo vidal
León

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N o solo la televisión tiende a frivolizar sus contenidos, sino que la mismísima política, aunque no se escape de los telediarios, ofrece episodios más propios de un magazine. En Italia se acusa a Berlusconi de hacer televisión en vez de política y aquí vamos por esa senda. Sin ir más lejos, esta semana, parecía de magazine la publicación, y posterior tratamiento, del patrimonio de los parlamentarios y la concesión de la Medalla de Oro del Parlament de Cataluña al entrenador Pep Guardiola en un acto en el que el más sensato, en su discurso y en declaraciones posteriores, fue el mismo homenajeado.

Está bien que la trasparencia llegue a las cuentas personales de los políticos pero sobre todo lo que importa no son la cantidades concretas, sino la certeza de que su origen es claro y legal. La gran conclusión de lo publicado es que esos patrimonios, salvo que alguien tenga algo que no está a su nombre, son los normales para personas de cierta edad y de clase media o media alta. Algunos periodistas que han hecho demagogia con esos datos ganan más que los criticados, como un ingeniero barcelonés que ayer criticaba a Rubalcaba por tener un millón de euros. Admitió al final que él mismo con edad similar y una hija —Rubalcaba no tiene hijos— cuenta con más de dos millones. Su única explicación al absurdo que planteaba se resumió así: «Es que él es un político». Pilar Rahola, ex diputada, escribe con razón que «el político es el pato de la feria, y quien le dispara gana un peluche en toda reunión que se precie».

En este país a base de hacer demagogia sobre los políticos, desde la sociedad y desde la propia política, se ha llegado al extremo de que el presidente el Gobierno cobre lo mismo que el director de cualquier oficina bancaria con incentivos. Los ministros aún menos, y de ahí hacia abajo.

A muchos ciudadanos, por el contrario, les tranquiliza saber que Rubalcaba y Rajoy tienen un patrimonio que les da estabilidad económica. Son más preocupantes los doce mil euros que declaró Francisco Camps en su día, después de varios años de presidente autonómico —que suelen cobrar más que el presidente del Gobierno, al menos en Cataluña y País Vasco— y de estar casado con una farmacéutica en ejercicio.

Mientras periodistas, curiosos y redes sociales se entretenían con el patrimonio de sus señorías en ese penoso espectáculo de chismorreo, en el país sucedían cosas importantes como el asalto a Repsol, joya empresarial de la energía, a manos de la coalición Pemex y Sacyr. La discrepancia pública entre Felipe González y el ministro de Industria, Miguel Sebastián, por la pasividad del Gobierno ante semejante desembarco, apenas mereció comentarios. Ni tampoco se critican las facilidades que España ofrece a cualquier penetración de capital extranjero sin exigir contrapartidas equivalentes. Las televisiones pueden ser aquí italianas —Telecinco, Cuatro, Veo TV, parte de Antena 3, etc— pero el BBVA o la Telefónica no pudieron entrar en aquel país cuando se interesaron por la Banca Nazionale di Lavoro o por Telecom Italia.

Y el jueves, Medalla de Oro a Guardiola, en lo que parece más un acto mediático que político. «Es un poco pueblerino —admite una diputada catalana— pero lo salvó el propio homenajeado». El entrenador reivindicó el esfuerzo, el levantarse temprano, el trabajo bien hecho, la capacidad de superación y la ambición legitima, mensajes que vienen muy bien en cualquier ámbito de la vida, especialmente en época de crisis. Y rechazó un par de preguntas al día siguiente al concluir el entrenamiento: «¿Se ve como futuro presidente, no del Barça, sino de la Generalitat?». «Nos volvemos un poco locos. Soy solo un entrenador», replicó. Políticos, periodistas y demagogos varios están convirtiendo esto en un circo mientras se nos escapan los problemas fundamentales.

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