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León

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El cristianismo que Cristo fundó hace ya dos mil años ha sufrido en sus carnes una cruel persecución en el transcurso de todos los tiempos con mayor o menor virulencia. Esta persecución ya fue anunciada por el propio Cristo con estas palabras «os perseguirán por mi culpa».

En los últimos años, el catolicismo está sufriendo en España una persecución que no se conocía desde la II República. Tenemos el caso concreto de los ataques a la Iglesia y a los católicos en la Jornada Mundial de la Juventud celebrada recientemente en Madrid con asistencia del Papa Benedicto XVI. Un grupo de intolerantes, por decir algo suave, se manifestó en la Puerta del Sol contra jóvenes de todo el mundo diciendo «a por ellos y luego a Paracuellos», en referencia a los miles de muertos en ese lugar durante la Guerra Civil Española. Pero hoy quiero referirme a un artículo escrito por un profesor de la Universidad de León y publicado en esta misma sección en el Diario de León el día 18 del mes de agosto con el título «Religión y Poder». Un artículo que rezuma odio al catolicismo por los cuatro costados

Dice el artículo que la Jornada Mundial de la Juventud tiene poco que ver con la religión y mucho que ver con el poder. Continúa diciendo que la JMJ tiene mucho más que ver con el espectáculo de masas y con el actual modelo televisivo de las estrellas del rock, que con los principios del evangelio Continúa diciendo que la Jerarquía Católica trata de dar una imagen de fuerza.

Equiparar la Jornada Mundial de la Juventud con un espectáculo televisivo de rock y al Papa como una estrella de ese espectáculo sólo puede ser escrito por un ignorante o por un perverso con un odio al catolicismo inconcebible. El Papa conoce sus obligaciones, sabe lo que tiene que hacer y lo hace. Simplemente cumple con la enseñanza de Cristo, que dijo «id por todo el mundo y predicad el evangelio». A eso se le llama cumplir con su obligación. En cuanto al espectáculo de masas, el profesor se olvida o desconoce que en el evangelio se narran dos episodios multitudinarios protagonizados por Jesús, los conocidos como la multiplicación de los panes. Curiosamente, el profesor no considera esos actos evangélicos como una demostración de fuerza. Me gustaría saber qué diferencias hay entre aquellos actos y estos de la Jornada Mundial de la Juventud

Por otra parte, el Papa vino a Madrid a cumplir con su obligación, que consiste en predicar el evangelio. La frase más importante dicha a dos millones de jóvenes y al mundo entero fue «buscad la verdad» El evangelio de San Juan dice que Jesús contestó así a Poncio Pilato que lo estaba juzgando: «yo he venido al mundo para dar testimonio de la verdad». La verdad, profesor, es lo que el Papa pidió en Madrid ¿Conoce algo más sublime que la búsqueda de la verdad? En otro apartado del evangelio, Jesús dijo:»yo soy el camino, la verdad y la vida». «Conoced la verdad y la verdad os hará libres». Le recuerdo, profesor, que no se puede avanzar en el conocimiento de algo si no se conoce la verdad. Por otra parte, la verdad es la base de la libertad. Donde no hay verdad no puede haber libertad.

Todo el artículo está lleno de frases agresivas contra la Iglesia Católica. Por ejemplo, decir que los actos de la Jornada Mundial de la Juventud es una ostentación de despilfarro que causa una impresión escandalosa e inmoral. O decir que la Jerarquía Católica se ha unido a la gran empresa que es quien ha provocado la crisis que están pagando los más indefensos, equiparando la JMJ a un acto mercantil. Hace asimismo un repaso negativo a todo lo que la Iglesia Católica representa hoy. Así llega a decir «no hay más que ver el abandono de las prácticas y de las ideas religiosas entre los jóvenes y los no tan jóvenes, acompañado por el despilfarro de la Iglesia y sus dirigentes.

El artículo está lleno de afirmaciones gratuitas sin justificaciones lógicas, indigno de todo un profesor de una Universidad. Uno que ha leído algo de historia ya no se sorprende de casi nada, aún menos de los continuos ataques viscerales, llenos de odio a la Iglesia fundada por el Hijo de Dios. Así ha sido durante los dos mil años de su existencia y así seguirá. Es igual lo que haga o lo que no haga. Si hace porque lo hace y, si no lo hace, porque no hace. Las personas que odian al cristianismo o lo que éste representa, siempre culparán a la Iglesia de todos los males de este mundo.

La Iglesia tenía aún no hace tantos años una parcela importante en la educación de la sociedad. Por desgracia, cada vez tiene menos. Son los gobiernos y sus leyes los que están cambiando las maneras de ser y de pensar de los ciudadanos. Hasta hace bien poco, un profesor era de las personas más respetadas en toda España. Hoy el profesor significa muy poco para el estudiante.

Toda la argumentación del artículo va encaminada a demostrar la ostentación de la Jerarquía Católica, algo que no consigue demostrar en absoluto sencillamente porque el poder de la Jerarquía Católica en España es, en estos momentos, ínfimo. Me atrevería a decir que tiene el poder más bajo desde el comienzo de la Reconquista en el siglo VIII, a excepción, tal vez, de la época de la II República. Claro que para los que odian el Catolicismo, aún tiene demasiado. Les gustaría hacerlo desaparecer. Profesor, usted que parece que ha leído al menos una parte del Nuevo Testamento, le recuerdo que Jesús dijo sobre su Iglesia: «y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella» y en otra ocasión, dijo «yo estaré con vosotros hasta el fin de los tiempos.

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En todo el artículo no es posible encontrar a que clase de poder se refiere. Tal vez quiso decir que la Iglesia tiene el poder de decidir donde se puede fumar y donde no; o tal vez, la Iglesia tiene el poder de imponer una ideología política en los estudios; o tal vez, la Iglesia es quien dice lo que los niños pueden comer y lo que no; o tal vez, la Iglesia es quien ha quitado parte de las pensiones para despilfarrarlo; o tal vez, es la Iglesia quien organiza los «botellones» de los jóvenes; o tal vez, ha sido la Iglesia quien ha dado la orden de asesinar a los niños en el vientre de la madre. A la Iglesia Católica le han endosado difamaciones como estas y aún peores. Profesor, aunque no lo crea, no ha sido Karl Marx quien ha dicho «amaos los unos a los otros». Esta frase es el principio y el fin del Catolicismo.