la quinta esquina | jesús courel

Una ventana a la carretera

Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

 

Con la cercanía del otoño, las ciudades se llenan de estudiantes, fascículos y una pizca de melancolía. Tras los primeros vientos termina, un año más, la tarumba equinoccial del ser humano, aquella que padeció el explorador vasco Lope de Aguirre cuando descubrió el turismo de aventura repartiendo sablazos a ambas orillas del Orinoco. El calor sofocante siempre incitó al crimen. Y también a viajar a las playas de Alicante, sobre todo cuando llegó el seiscientos. Gracias al arzobispo Gelmírez, a los Reyes Católicos y a Fraga, España es considerada la inventora de los viajes ociosos, de los que sospechaba el escritor Paul Bowles que el viajero, con toda probabilidad, «podía no regresar jamás».

 

Ni griegos, ni romanos disfrutaron sus desplazamientos con tanta emoción e inquietud como los peregrinos que venían a Santiago, como los aventureros que se fueron en las carabelas de Colón o las divinas suecas que disfrutaron del ardiente confort de nuestros paradores de turismo. Aunque el Parador de Villafranca del Bierzo nació con bigotillo —pues lo inauguró Franco en 1959 (noticia que recoge el libro Memoria fotográfica de Villafranca , de Santiago Castelao)—, su infancia la pasó como «albergue de carretera», según refleja el diario Abc en su portada del día 24 de setiembre de ese año. Aquel modesto albergue de villa peregrina, es hoy moderno Parador de apellido Antonio Pereira, que abre «una ventana a la carretera» de Europa; a ese Camino de Santiago que sembró en el genial Antonio la semilla de los mejores cuentos que jamás se hayan oído en ninguna parte. 

 

Cargando contenidos...

Y es que lo fundamental de los viajes no es la experiencia de vivirlos, sino la gracia de contarlos. Sin embargo, con la cuenta bancaria en números rojos, buscan algunos políticos tirar la casa por la ventana, en vez de mirar por ella. Con la idea de organizar grandes eventos para colocar sus municipios «en el mapa», olvidan que desde hace siglos ya estamos en todos los mapas gracias al apóstol Santiago, cuyo camino pasa bajo algunas ventanas cerradas. Un tal Doxey, experto en desarrollo turístico, ideó un índice de irritación a través del cual podíamos deducir las relaciones establecidas entre turistas y residentes que son, por orden cronológico: euforia, apatía, enojo y antagonismo. El incremento masivo de visitantes y la expansión de la industria generada a la sombra de la especulación y el souvenir, pronto disipa el alborozo inicial de propios y extraños para mudarlo en tedio y hastío, como el que sintió Lope de Aguirre cuando se rebeló contra la comercializadora turística del rey Felipe II… Había que hacer algo.