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León

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Si yo no fuera El Corte Inglés o Gas Natural Fenosa , sino una pequeña empresa a la que el Ayuntamiento de Ponferrada adeuda desde no se sabe cuándo diez mil o veinte mil euros, estaría ciscándome desde hace dos semanas en los señores concejales del Ayuntamiento de la capital berciana. En unos más que en otros, cierto es. Tal y como está el patio, cifras aparentemente nimias, alejadas de las que se deben a la compañía de don Isidoro por los adornos de los Micrófonos de Oro, pueden resultar de vida o muerte para algunos pequeños empresarios o autónomos, ya lleguen en cuestión de días, semanas o meses.

Pero a esta urgencia crucial parecen vivir ajenos algunos ediles, por lo que se ve a la hora de aprobar el crédito ICO de 2,7 millones que el atribulado gobierno local del PP pretende rubricar para saldar parte de los casi nueve millones que acumula en impagos a proveedores. No es extraño que las dos formaciones minoritarias, que no saben aún si gobiernan o ejercen la oposición, deseen conocer a fondo los números y las condiciones del préstamo. Y que velen para que la todavía comedida deuda de Ponferrada en este capítulo, si se compara con lo que ocurre alrededor, no se dispare más de la cuenta. Tanta meditación sosegada, sin embargo, huele a pelo chamuscado como quedó de relieve en el último pleno, donde se aplazó otra factura en un contexto casi surrealista. Como si populares, socialistas e independientes en vez de ponderar la relevancia del paso estrangulador del tiempo en el saldo de la cuentas pendientes a muchos proveedores estuvieran cronometrando más bien otros tiempos políticos en su afán por marcar cada uno su terreno. Unos por aparentar que cuando quieran pueden poner en jaque a Riesco a pesar de las lunas de miel a las orillas del Báltico, otros por remarcar que son la solución final a este tipo de maniobras coactivas, y otros por un prurito que parece rayar más lo personal que lo racional en la gestión.

Si es así, si se están intentando cobrar las primeras facturas políticas del mandato a costa de la viabilidad de algunas pequeñas empresas y por extensión de las muchas familias que sustentan, es como para ir vomitando desde el arco del Reloj hasta Cuatrovientos. En el fondo de todos estos juegos de manos, más inoportunos que nunca, lo que se ventila es el pan de mucha gente. Y con las cosas de comer, ya se sabe, no se debería jugar.

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